Días sin humo (2)

Casi todo es voluntad. Voluntad y un poquito de perseverancia. O sea más voluntad. La peli esta de la ratita, Ratatouille, también consiste en tener un sueño y llevarlo a la práctica. Estas cintas ahora se llaman de animación, yo me quedé en las clásicas de dibujos animados (la pantera rosa, lucky luke…). Observo que estas son más lentas en el lenguaje, en la dicción, como si quisieran explicarnos todo con mucha claridad. La acción, en cambio, adquiere ritmo en las escenas que hay que sortear el espacio, como buenos reptiles, los pequeños roedores esquivan obstáculos a su paso, como en un documental de animalitos que vi ayer un poco en la 2. Esta ratita francesa, con la torre Eiffel al fondo, sueña más o menos despierta con encumbrase a la cima de la cocina francesa y mundial. La gastronomía, francesa, y ya digo mundial, como estandarte, de la exclusividad cultural francesa, del cine, de lo francés, lo europeo, del ascenso socio-cultural, de las rencillas, luchas sociales e intereses varios. Se disfruta más con Josefina la cantaora de Kafka y con El policía de las ratas de Bolaño.
Esta sobredosis de miserables roedores –me quedo con Pixie y Dixie de allá por la transición – produce un hartazgo de bichos, y te entran picores y dudas sobre la comida, la elaboración de la comida que hay que saborear y degustar como un festín, con delectación, con gula. Comer, fumar – o no fumar- , beber, días sin humo, huir de la contaminación, ambiental, acústica, visual, cuando recuerdo la canción, de P. Guerra o Ana Belén, de Contamíname, contamíname…
(Magritte y Foucoult no tenían muy claro si esto era una pipa o no era una pipa: la mera ilusión que une las palabras y las cosas: La traición de las imágenes y Los dos misterios)
