Días sin humo

Vicente Verdú lo llamó Días sin fumar, también podría haber sido días sin humo. En el fondo esta es una excusa como otra cualquiera para escribir un diario, dietario, blog, bitácora o como diablo quiera llamarse. El no fumar no es la excusa, el escribir sobre ello sí. Así que ya tenemos tema. Poco original, pero tema.
Ahora tocaría colgar por aquí esos catálogos llenos de buenas intenciones sobre salud y ausencia de tabaco. Recordar la bonhomía del no fumador, y así. Pero unos más bien se acuerda de los hambrybogart y otros encantadores malos del cine negro, siempre con la colilla en los labios como funambulitas, tipos enganchados a un vicio, a una debilidad que los hace como más humanos. En fin, nostalgia y mitificación edulcorada y probablemente falsa. Crees así de entrada que la gente más chic, los más enrollados vamos, son fumetas, adeptos y adictos al tabaco, militantes de la nicotina, contribuyentes de los impuestos indirectos, pobres hombres.
Y con el chicle o caramelo en la boca, voy tecleando, sabedor por pasadas probatinas, que pronto llegará el mal de muelas al sustituir el pitillo por los dulces. A su vez el cigarro también debía sustituir a algo; en fin vamos de sustitución en sustitución, en busca del primer huevo, o gallina, o cigarrillo en este caso.
Supongo que el escepticismo juega en mi contra, los fanáticos lo tienen más fácil. O más bien los dogmáticos, los creyentes. Aunque quizá todos seamos creyentes de algo, porque si no… De momento aspiro a recuperar el olfato perdido, a oler algo, a recuperar la pituitaria con mi narizota, y voy haciendo muecas, mohines de nariz a ver si huelo algo. Por ahora en balde, pero no desespero en este primer día sin humo.
(Continuará. O no.)
(qué raro; creía haber colgado el post esta mañana pero lo veo en lista de espera; no sé, parece un cigarrillo extraviado, o algo así)
