En el super, por ejemplo

Entro a comprar al super. Lleno mi cesta de productos, de saludos, de recuerdos, de deseos. Echo fresas y membrillos, tomates y calabazas, pechugas y albóndigas, lenguados y besugos. La dependienta mueve las manos y con sus dedos teclea los números que indican mi compra. Una compra en el super al que me acerco casi a diario, cuando llueve, cuando hace calor, cuando se pone el sol, cuando florecen mis plantas, tus plantas.
Dejo el super, y al norte queda el Centro Cívico, con sus ordenadores y goteras; al este Guara y el fin de mi ciudad, de tu ciudad; al sur las Piscinas y las instalaciones deportivas; al oeste la cárcel, que huele a cadáver sin enterrar.
Fresas, membrilos, tomates, calabazas, pechugas, albóndigas, lenguados, besugos. En el super de mi barrio me alimento, crezco, sueño, lloro, sonrío. Dejo la compra, y paseo por las calles, me siento en los bancos, miro los jardines, veo juguetear a los niños, descansar a los mayores y el verano me acerca a las fiestas de mi ciudad, de tu ciudad.
Fresas, tomates, pechugas, lenguados alegran mi despensa, nutren de vitaminas a este barrio que quiere una avenida más grande, donde el puente sea puente de unión, para seguir comprando fresas, tomates, pechugas, lenguados en el super de mi barrio, de tu barrio, en fiestas y todo el año, en mi ciudad, en tu ciudad.
(Heraldo de Aragón, Huesca, 10/08/2007, especial fiestas de San Lorenzo)
