El niño con el pijama de rayas, J. Boyne

El antivirus me avisa de un fallo de seguridad, recomienda consultar al soporte técnico y despliega un paraguas en rojo, en un rojo tan chillón que asusta. Parece que algo falla, que hay peligro. Y activo las herramientas de análisis. Y toca esperar, esperar como un bobo ante la pantalla a ver si se solucionan los problemas, por arte de la tecnología o por arte de magia.
Algo así se pretende que sintamos al leer El niño con el pijama de rayas de John Boyne. Una sensación de inquietud, sombría y tenebroso, de que algo no funciona bien.
Esta tarde oí en La Ventana de la Cadena Ser a Juan Cruz elogiar con avidez este libro. Conque me he alegrado de tener una larga lista de lecturas pendientes y me he enfundado este peligroso pijama. En la radio y en la contraportada se ruega encarecidamente no desvelar el argumento.
Sí se puede decir que aunque se narra en 3ª persona, seguimos la voz de un niño de 9 años, a través de un narrador equisciente, como si una cámara acompañara al niño, a Bruno, dado que es una novela cinematográfica (pronto la veremos en el cine). Hubiera preferido que se hubiera atrevido con la 1ª persona.
Las voces infantiles, dice M. Delibes, nos atraen de inmediato, así que es un acierto la elección por el autor de este punto de vista. Lo que ya no lo es tanto es el uso de verbos dicendi como espetó o adujo, cuando es más sencillo y claro el dijo. Noto también cierta influencia o guiños del tono de El Principito o de obras de literatura juvenil como el Manolito Gafotas (o aquellas en las que se inspirara Elvira Lindo). Y es que se quiere vender el libro como novela juvenil, cuando por su temática (que no vamos a descubrir) no lo es tanto. Sí es más cercano a libros como El curioso incidente del perro a medianoche. Y quiere acercarse a obras como El guardián entre el centeno, pero este aire pretenciosamente juvenil (con repeticiones, coloquialismos –la tonta de remate- y moralina) le perjudica. Al menos al principio, luego ya suelta lastres el narrador y te hace sentir más cómodo. Tanto que crees entrar en el territorio de la novela iniciática o de la infancia, donde se produce la transformación de niño a adolescente. Y sueñas con entrar en territorios míticos como en Ardiente secreto de S. Zweig. Pero el autor prefiere acariciar una trama suculenta (por lo cinematográfico) que profundizar más en ese sabroso personaje.
Es de lamentar que un libro tan ameno y de lectura tan ágil se estropee con ese odioso y moralizante final: …hace mucho, mucho tiempo, y nunca podría volver a pasar nada parecido. Hoy en día no.
Y el ordenador me dice que no se detectaron amenazas, que las actualizaciones se procesaron con éxito. ¿Hay límite entre la ficción y la no-ficción?

daniel dijo
hay un libro "el tercer ojo " creo que se titula, en el que se defiende la teoria de que el mundo es una ilusión.Yo alguna vez he tenido también esa percepción.Es un aliciente, a estas alturas, cuando tantos estamos a vueltas de todo,que la magia vaya tomando cuerpo y se integre en lo cotidiano.
quién escribe el guardian entre el centeno?
21 Junio 2007 | 11:11 AM