La analfabeta, Agota Kristof

Quien de mayor no conoce una lengua, se convierte en en un analfabeto. Como le ocurrió a Agota Kristof (1935), escritora húngara que huyó hacia occidente a los veintipocos años con su hija. Acabó en Suiza y tuvo que aprender el frances. Después de algún premio importane se sigue considerando una escritora no hábil en francés.
Publicado en Ediciones Obelisco, este breve diario, en once capítulos,es una colección de anotaciones biográficas de esta escritora en la búsqueda de su pasado, de una identidad. Se reconoce deudora de Thomas Bernhard y busca la concisión en el lenguaje, en una lengua aprendida tarde.
En los años cincuenta, en Suiza, protegidas por las autoridades y visitadas por los helvéticos, dice que se sentían más que en un campo de concentración, en un zoológico.
También nos habla del año 53 cuando muere Stalin y dice que era obligatoria la tristeza.
Su confesión le lleva a cuestionarse:
¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz.
