La vida en rosa, Olivier Dahan
Si después de más de dos horas de metraje abandonas la butaca queriendo escuchar de nuevo a Edith Piaf, es que la película ha conseguido atraparte.
En la línea del Bird de Clint Eastwood (biografía de Charlie Parker), La vida en rosa nos cuenta la vida atormentada de esta cantante francesa musa de los existencialistas en los 50. Pero es más costumbrista, más en la línea del Oliver Twist de R.Polanski. Con unas tonalidades marrones, unas sombras que nos remiten al infierno de Dante, como viaje por la infancia turbia y desgarrada de Edith P. Luego adquiere colorido la pantalla cuando nos encontramos con el apogeo de la estrella, que se asoma al paraíso. Sin pudor, sin miedo al ridículo: eso tienen los franceses, que aún en horas bajas saben venderse como nadie (París, París). No he visto la peli sobre Lola Flores pero al leer las reseñas intuyo que le falta ese glamour, este uso de la hipérbole imprescindible en las hagiografías.
Pero estos excesos son limitados con el uso del flashback, al ofrecernos un montaje no líneal de las secuencias que nos trasmite con más realismo destellos de una vida agridulce. Hay emoción e intensidad en el personaje interpretado por Marion Cotillard. Edith Piaf responde al mito de artista inmadura, genial, caprichosa, tocada por los hados (en este caso por Santa Teresa) con la barita mágica.
Edith Piaf convivió con Jean Cocteau, Marlon Brando, Yves Montand, Georges Moustaki o Marlen Dietrich. Aunque esta obra de Olivier Dahan apenas se recrea en esa faceta social de la artista y ahonda más en una personalidad frágil y fuerte, iluminada y vulnerable, para mostrarnos una extraña mezcla de Janis Joplin, La Raulito, Joan Baez y Lina Morgan.
Canciones como Milord, Je ne regrette rien o La vida en rosa adquieren actualidad tras esta película europea en la que Edith Piaf resurge con su rien de rien, porque: no, nada de nada, no lamento nada.
