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21 Marzo 2007

DE LAS ALFOMBRAS A PLAZOS Y LOS GLOBOS PISADOS EN TOKIO

Dice la Monja que esta noche nos pondrán una peli, si nos portamos bien (como en el cole). La Monja es la enfermera jefe de la Residencia (de este manicomio). Igual no es ni monja. La primera vez no la miré como a una monja y pareció no disgustarle. Después de tantos meses, de rutina y de pastillas, casi no nos miramos. Para mí que no es ni monja.

Cuando se lo cuento al Mosen (que para mí le gusta la Monja) saca la media sonrisa, suspira y eleva los ojos. Sólo le falta acariciarse la barbita. El Mosen es mi doctor; y somos muy colegas, cuando yo estoy cuerdo y lúcido, que es casi siempre.

Aquí todos tenemos mote: enfermos y cuidadodores. Yo soy el paciente 27, más conocido por el Lavadoras. Cuando me dan los ataques echo espuma por la boca, como las lavadoras. Pero ya sólo me da un ataque al mes, como la regla a las mujeres, y luego como nuevo.

No sé si habrá peli, porque en el comedor hemos hecho el numerito del Bebé. El Bebé es uno al que le da por llorar con frecuencia, y sin motivo conocido. Y eso es lo grave, según me explica el Mosen. Que cuando hacemos cosas que la gente no entiende, la gente normal nos llama raros para defenderse. Que el truco está en disimular (como hace él), en que no se note que estás loco, que todos están algo locos. Y luego me da la pastilla, para tranquilizarme, y un golpecito en el hombro, como un buen samaritano, o un político. Y hablamos de las pelis de Woody Allen, en las que se disfraza, o se echa a correr, o mete la pata, y nos reímos mucho, los dos. Al decirle si iremos a ver alguna cuando salga yo de aquí, no hace falta que conteste. Cambio de tema, porque me doy cuenta que sería como llevarse trabajo a casa; al menos aquí somos colegas, como compañeros de trabajo o amantes. El Mosen cuenta poco de su vida particular. Lo veo a gusto aquí dentro, como si tuviera problemas en su casa, y no quisiera salir y enfrentarse a ellos (o a Ella). Cuando se lo digo, sonríe, y mueve la cabeza, no sé si pensando: qué listo eres, Lavadoras, o quizá: como no disimules mejor verás amarillearse las paredes de la Residencia.

El numerito del Bebé (que nombré más arriba), consiste en esconder una cuchara en el desayuno. Y cuando las enfermeras han sospechado, le he dado un codazo al Bebé, que es como activar un muelle, y se ha echado a llorar como un loco (o dos). Y al armar tanta escandalera nos ponemos todos a golpear los cubiertos, como en las pelis. El Mosen dice que esas pelis, como la de Jack Nicholson, nos hacen un flaco favor, lo dice o por lo menos lo piensa.

Creo que me ha salido bien la redacción. Esta redacción que me ha pedido el Mosen para hacerle la pelota para enseñársela al nuevo Director, para que vea el día a día en su nuevo centro, y lo bien que funciona y lo cuerdos que estamos algunos (a ratos), cuando no nos hacemos los locos, ni nos da por vender alfombras a plazos o hacer como si estuviéramos en Tokio desinflando globos, mientras el Mosen y la Monja -nuestros doctorcitos favoritos- se encierran en el almacén a solas, se oyen suspiros y gritos, y salen estirándose la ropa, disimulando. Con una sonrisita como nosotros después de las pastillitas.

Para mí que esta noche no habrá peli.

Tags: literatura

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