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18 Enero 2007

La otra mirada

"Una persona moralmente irreprochable no escribe libros" (Giorgio Manganelli).

Al señalar la luna con el dedo, los tonto miran al dedo. La mayoría mira a la luna. Los escritores no. Sí, los simples gacetilleros, cronistas, complacientes meapilas, oficialistas espectadores que contemplan el pasar de los días.
Con la conciencia tranquila, sin malos pensamientos, sin mirar hacia otro lado, no se hace literatura, como mucho, sólo programas del corazón.
Las personas moralmente irreprochables no son escritores. Hay que tener alguna mancha en el corazón o en la conciencia, en el deseo, en el sexo, en el alma o en la vida para escribir con minúsculas, para deleitarse con el teclear de las letras que impúdicamente golpean nuestro ordenador y nuestro cerebro.
Para escribir hay que haberse roto un brazo, y ver como la sangre a borbotones ensucia nuestro traje, ver que la verdad no está en el dedo ni en la luna. Mirar a otro lado. Ver, se ve poco, pero hay mucho que mirar.
Mojados de lágrimas, contemplamos el mundo a contraluz. Con la vista nublada, partículas inconexas danzan ante nosotros, y con la impotencia de quien contempla una película X sin descodificar, miramos a otro lado.
Dejar de mirar cuando las imágenes nos deslumbran, y atontan. Mirar para otro lado. Ver desde los ojos del niño, del único niño que supo ver que el rey estaba desnudo, que casi todo es mentira, porque:

La infancia es la primera soledad (M. Benedetti).
El sexo es lo que mata a la infancia (Alberto Olmos)
Y
La madurez del hombre consiste en haber recobrado la seriedad con que jugábamos cuando éramos niños (F.Nietzsche)

¿Por qué empiezas escribiendo sobre rosas y mermeladas, y al levantar la alfombra surge la basura y las ratas que te arrastran hacia una podredumbre que ensucia los juegos de los niños?
Canicas, toboganes, precipicios, carreras de sacos, pupitres, alcantarillas, cromos, balones, sangre, bermudas, lapiceros, fuego…

“ Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría.
(...)
Acostumbramos a trazar límites demasiado estrechos a nuestra personalidad. Consideramos que solamente pertenece a nuestra persona lo que reconocemos como individual y diferenciador. Pero cada uno de nosotros está constituido por la totalidad del mundo; y así como llevamos en nuestro cuerpo la trayectoria de la evolución hasta el pez y aún más allá, así llevamos en el alma todo lo que desde un principio ha vivido en las almas humanas. Todos los dioses y demonios que han existido, ya sea entre los griegos, chinos o cafres, existen en nosotros como posibilidades, deseos y soluciones. Si el género humano se extinguiera con la sola excepción de un niño medianamente inteligente, sin ninguna educación, este niño volvería a descubrir el curso de todas las cosas y sabría producir de nuevo dioses, demonios, paraísos, prohibiciones, mandamientos y Viejos y Nuevos Testamentos." Demian (Hermann Hesse) .

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"Se miente más de la cuenta por falta de fantasía. También la verdad se inventa" (Machado). "La poesía es algo que anda por las calles" (García Lorca). "No hay libros morales o inmorales. Sólo existen libros bien o mal escritos" (O. Wilde).

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