Petardos

Juanito me presentó a su amigo el Petardos. No es que fuera un petardo, aunque algo plomo si era. Siempre iba provisto de cerillas y mecheros. Se dedicaba a coleccionar, o a robar, las capuchas de las varillas de los paraguas. Con más paciencia que los chinos, las llenaba de fósforo, y cuando menos te lo esperabas las hacía explotar. Era un incendiario; un pirómano decía papá.
−Acabará en los zapadores.
No sé si acabó de zapador o de zapatero, pero era ingenioso. Como en los inventos del TBO usaba los cacharros más estrafalarios, para acabar siempre con un: pim, pam, pum. Y con la estela del humo, chamuscado, giraba la cabeza y se mordía el labio como diciendo: a la próxima sí, a la próxima inventaré la bomba atómica.
Una tarde, al anochecer, acompañé a Juanito y al Petardos a una calle oscura y silenciosa. Vivía una señora mayor que siempre estaba limpiando la acera, y luego los cristales, y la puerta, por dentro y por fuera. Limpiaba y limpiaba, y nosotros fuimos a ensuciar.
En una caja de zapatos había preparado el Petardos un mecanismo incendiario. No sé si de dinamita o de pólvora, pero él decía que era explosivo. Y que llevaba un mecanismo de disparo retardado. Básicamente consistía en dejar la caja en la ventana y salir corriendo lo más rápido posible. Segundos después se oía una explosión a nuestra espalda, luego, retardados, los juramentos de la señora.
No sé, dejé al Petardos con su armamento porque, como decía papá, en casa no teníamos seguro contra incendios. Si quería más ruidos, me iría a hacer sonar los timbres. Y a correr.

tutty dijo
Madre mía, que niño más peligroso. Quién sabe... puede que ahora sea un gran inventor de explosivos :P
Saludos,
7 Enero 2007 | 06:19 PM