Las escaleras

(a mi hermanito, convaleciente)
Juanito me esperaba en la calle, con el balón. Bajé las escaleras de dos en dos. Y tan deprisa, tan rápido que acabé bajando a volteretas. Sólo me rompí un brazo.
Estuve un mes con el brazo derecho enyesado, en cabestrillo. Bueno, el pañuelo me lo quitaba cuando no me veían los mayores, porque me resultaba molesto.
Lo mejor fue que me quedé unos días sin escuela. Y que todos me preguntaban, mayores y pequeños. A los pequeños les daba pocas explicaciones, y a los mayores sólo el primer día, luego ya me cansé de repetir la misma historia. Eso de la fama cansa.
Iba por la calle con papá y le señalaba a todos los que veía con yesos, eran un montón, nunca me había fijado antes:
−Mira, mira, papá, ese: con la pierna rota.
Y mi padre no decía nada, sólo juntaba los labios. Parecía que no le hacía mucha gracia.
También me gustaba que muchos firmaban en el yeso, echaban su autógrafo, o ponían cosas graciosas. Obscenidades, decía papá. Me firmaban los amiguetes, y las compañeras de clase. Cuando lo cogió Rosa para firmar se acabó la tinta. Nunca había tenido tan mala suerte.
Fui a la imprente a comprarme un boli con tinta que durara toda la vida.
− ¿Indeleble? −dijo la dependienta.
− No sé, que no se acabe en el momento más inoportuno −le respondí.
No sé si me entendió, pero aún conservo el boli y sigo esperando que lo toque Rosa, aunque ya no llevo yeso. Rosa no volvió a firmar.
Hay trenes que solo pasan una vez, decía siempre papá. No sé, yo el boli lo conservo, y el otro también, el que al tocarlo Rosa se quedó de piedra, hipnotizado por esos deditos mágicos que lo acariciaban. ¡Quién fuera boli! Yo lo acaricio a menudo, pero no es lo mismo.
En un boli manoseado por toda la escuela, ¿cómo encontrar las huellas de una princesa? De una princesa rosa.

tutty dijo
Jaja, demasiadas huellas en el arma que transmite amor escrito... ¡buen detective sería el que lo descubriera!
Bonita y dulce historia.
Saludos,
6 Enero 2007 | 12:45 AM