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La Coctelera

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4 Enero 2007

La abuelita

En la habitación del fondo descansaba la abuelita, oculta entre las mantas. Apenas había luz, y esa penumbra imponía respeto, me asustaba.
Un día me llamó:
−Ven Andresito, acércate.
Entré a su cuarto despacio, con la cabeza baja, y las manos en los bolsillos de mis pantalones cortos.
-Acércame el monedero –me dijo.
Me hablaba desde una voz lejana, con eco.
Le acerqué su cartera y vi cómo con dedos temblorosos, alargados, cogía unas monedas con dificultad. Parecía que las contaba, y luego cerró la cartera.
Me tendió la mano y me sujetó un momento. Me apretó los dedos, con su mano, caliente, arrugada, ahora firme. Me daba calor, y monedas. Varias monedas que yo guardaría en la hucha. La mitad, con las otras compraría chuches.
Me hizo un gesto, con su cara arrugada como una nuez. Me acarició y yo me moví un poco, inquieto, incómodo, sin saber qué hacer.
Ella sí lo sabía:
-Anda, vete a jugar, y sé bueno.
-Sí, abuelita, sí.
Poco más recuerdo. Al día siguiente la habitación estaba más oscura y desde el pasillo se veían sombras, también oscuras. Mi padre me sacó a pasear. Y me explicó que la abuelita se había ido. Muy lejos, muy lejos, para no volver más. Y que nos quería mucho y que nos acordáramos siempre de ella. Y que me llevaba unos días a casa de mis tíos, hasta que pasara todo.
Yo no sabía muy bien qué había pasado. Pero todos estaban tristes y apagados, y vestían muy oscuro, de negro como la abuelita, que se había ido para no volver.

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tutty

tutty dijo

Qué pena... tan pronto estamos como nos esfumamos... y es algo angustiante comprender que seremos olvidados tarde o temprano, y que nuestra espiral se perderá... por eso siempre está bien aprovechar la vida, vivir feliz, atreverse, y aprovechar, sobre todo, lo que tenemos a nuestro lado y que un día, evidentemente, perderemos.

Es como cuando se acaban las vacaciones y pienso: ¿por qué no me habría levantado tarde más días?

Saludos...

6 Enero 2007 | 12:48 AM

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“En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad”, J. L. Borges. “Embriágate sin cesar. De vino, de poesía o de virtud”, Ch. Baudelaire.

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