Pequeña Miss Sunshine

Esta película, dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris, es una comedia agridulce, una road movie entretenida y alocado.
Su desarrollo es lineal y corresponde a un argumento sencillo, casi, casi, para toda la familia.
El tema es seductor para quienes odiamos ese exhibicionismo bertinosborniano televisivo que se sustenta en la impúdica visión de menores en lencería fina, barata y cara: esos absurdos concursos de belleza infantil. Es una parodia, una burla, casi facilona, pero amena, ágil, lúdica y lúcida.
Para ello se sirve de personajes con gancho: un adolescente nietzscheano, un tío gay experto en Proust, un abuelo cocainómano, en fin, lo mejor de cada casa. El padre cree en las teorías del éxito, de la competitividad, y las proclama repetidamente, pero es un perdedor nato, un fracasado por crearse una escala de valores jerarquizada con el el triunfo en la cima.
También hay un cadáver, una furgoneta, un policía salido, y una niña que quiere ser guapa, la más guapa de América y comer muchos helados.
Por una vez, me ha gustado ver un final casi feliz, una explosión de alegría al final de un viaje que acarrea muchas pérdidas por el camino.
Pequeña Miss Sunshine aporta frescura a un cine casi independiente, familiar y divertido.

anso dijo
Desde mi punto de vista, la mejor película del año (de las que he visto, claro, el sueldo de becario es lo que tiene). Uno sale del cine contento, sin saber muy bien el porqué.
Por cierto, genial el personaje del adolescente nietzchiano
12 Diciembre 2006 | 11:57 PM