Palabras juguetonas

Los libros nos abrasan con sus letras seductoras y sus palabras ardientes; las páginas nos excitan, porque duran mucho, o porque son librus interruptus. Los diccionarios se llenan de montañas, cuevas, acantilados, olas, pasadizos, fuentes, leches, licores, humedades… la literatura, como el sexo, contiene haches mudas y haches aspiradas.
Las sábanas son hojas en blanco para mojar, manchar, sudar, oler. Las mantas son el lomo del libro, los pijamas el marca-páginas, y el vestido el prólogo que nadie lee.
Las dedicatorias son un “¿me quieres?, ¿cuánto me quieres?”; los agradecimientos un “te quiero mucho”; las notas a pie de página un “si, sí, no pares”, los epígrafes la idealizada primera cita; la bibliografía son las promesas incumplidas; y la contraportada es el cigarrillo de después.
Por eso será que en la Biblia, cuando ella dice:
“Metiome en la estancia del vino y puso su bandera en mi amor”
Él responde:
“Sus dos tetas son como dos cabritillos gemelos, y serán para mí como racimos de uvas”.
Salud y ardientes lecturas.
