hombre/máquina

De niño me gustó el ajedrez por su orden, su lógica interna, y quiero pensar que también por su estética. De mayor sí me ha seducido su armonía, la magia de una combinación, el laberíntico sendero por el que transitan las piezas, sus borgianas bifurcaciones: la alegría de los caballos, la serenidad de las torres, el dominio de los reyes, la valentía de las damas, la seducción de los alfiles y el laborar de los peones.
Inmerso en una partida te abstraes del mundo como al leer un libro o ver una película.
Me gusta el aspecto psicológico del enfrentamiento con las mismas armas, frente a las guerras desiguales e injustas. Su origen bélico, militar, como todos los deportes, se compensa con el carácter lúdico, con el juego limpio.
Frente a la frialdad de las máquinas, cobra emoción saber que te enfrentas a otro ser imperfecto como tú, humano, demasiado humano. Esto permite arriesgar, y no buscar necesariamente la mejor jugada, sino la más incómoda para el otro. Se dice que gana el que comete el penúltimo error. Y también se recomienda:
dar siempre jaque, porque puede ser mate,
o que la amenaza es tan letal como la misma ejecución,
o que siempre hay que tener un plan, aunque sea malo,
o que para abandonar siempre hay tiempo,
o que caballo por los rincones…En fin.
Ahora se juega el enésimo match hombre/máquina. Y si no es en esta ocasión será en la próxima cuando Fritz10 ó fritz 20 venza con claridad, pero como decía Karpov, se inventaron los coches hace décadas y sigue habiendo carreras ciclistas.
Hoy día los ordenadores sirven de apoyo a ajedrecistas aficionados y profesionales, para progresar más rápido, como los ordenadores sirven a los escritores.
En el siglo XVIII se inventó “el turco”, la primera máquina que jugaba bien al ajedrez, tan bien que se descubrió que se escondían tras ella unos tramposos jugadores. Hoy día, con los microchips, hay que vigilar que no se introduzcan sofisticados aparatos en las salas de juego. Poco hemos cambiado.
( Literatura y ajedrez: poemas de Borges, Jugador de ajedrez de S.Zweig, La defensa Loujine de Nabokov; y otros autores: Unamuno, L.Carroll, E.A.Poe, Ramón y Cajal, Arrabal, Pérez Reverte…y lo más divertido: una surrealista partida por correspondencia de W. Allen en Como acabar de una vez por todas con la cultura.)

Justin Horton (un inglés en Huesca) dijo
También Maurensig, "La Variante Luneburg".
12 Marzo 2007 | 09:44 AM