mil hormigas por los pies

Rubén debe de tener mi edad. No sé si se llama así, no nos han presentado, pero me gusta ese nombre para él. Lo encuentro muchas tardes sentado solo en un banco, abajo en la plaza de mi calle. Lo acabo de ver rodeado de hojas, bajo los árboles, abrigado e indiferente, abstraído. También se acompaña de hojas de papel y las recorta. Hace miles y miles de trocitos. Lo noto concentrado en su labor, minucioso, persistente. Arruga la cara y en su gesto percibo que se siente dichoso con sus recortes. Supongo que le quitará los nervios, que se lo recomendaría el psicólogo a sus familiares. Aunque no hace falta ser psicólogo para entender que los trabajos manuales relajan y distraen. Sobre todo distraen. Como a mí que tecleo con mis dedos para formar palabras. Y te mantienen ocupado, es algo sencillo y ameno con lo que pasar el tiempo, estas tardes otoñales y amarillentas de tantas tonalidades.
Yo lo miro al pasar como un idiota, pero él más inteligente, no se fija en mí. Por qué iba a fijarse. Si uno está cortando miles de papelitos en su banco por qué fijarse en un tipo curioso que lo mira al pasar.
Esto me ocurre por oír en la radio a Victor Manuel y su Sólo pienso en ti.
