De peces y palabras

Mi padre me enseñó a pescar, pero solo recuerdo la cabeza agonizante de la trucha en mis trémulas manos, y sus movimientos en la cesta de mimbre: lacerante, moribunda, asesinada.
Las palabras son una caña de pescar, con anzuelo y sin cebo. Con un giro de brazo el pescador entra en situación al tirar la primera piedra. A veces no hay truchas en el agua, ni otra clase de peces, igual que las palabras no siempre encuentran receptor. Es hablar por hablar, como lanzar la caña al aire. El cebo es lo que oculta el anzuelo, es el gancho, la seducción que produce la atracción. O el rechazo.
¿Cuenta algo? te suelen decir cuando no tienes ganas de contar nada, cuando el cebo ya lo comió el pez anterior, cuando las palabras ya no son puente de comunicación, cuando es temporada de veda, cuando ya es tarde y hasta los peces duermen. Es entonces cuando navegas a tus anchas, sonánbulo e insomne,fuera de temporada, en época de rebajas, sin peces y sin palabras.
