Las palabras, J. P. Sartre.

Las palabras es un libro autobiográfico escrito por Sartre, centrado en su infancia. En el que el pensador francés se desnuda, y con él desnuda a su familia. Con crudeza describe a los suyos, y quizá con sinceridad. Pero esto no podemos saberlo de alguien que nos confiesa de entrada ser un "farsante", un fingidor.
Este libro ayuda a entender mejor, digamos que a situar y contextualizar mejor, los pensamientos de quien dijera que "el infierno son los otros", que "al nacer somos arrojados al mundo ante miles de miradas hostiles" , o que "estamos condenados a la libertad".
Es sobrecogedor los pasajes en que Sartre, niño de seis años, descubre su fealdad. Descubre en los ojos ajenos, en la mirada de su madre y en el espejo, no sólo la ausencia de belleza sino la presencia de lo feo en su propio rostro. Y cómo después se refugia en la literatura, encuentra en los libros ese paraiso perdido y sueña con la grandeza en el mundo de las letras. Leer y escribir son los dos capítulos que componen esta autobiografía, que se complementan y mezclan porque a fin de cuentas, las palabras, que dan título, abarcan el universo sartriano, lo poseen, llegan a abarcar significantes y significados de un mundo. Como el A. de Roquetin de "La nausea", Sartre encuentra significado al absurdo del mundo en la magia de los libros. Pero es difícil distinguir en un autor teatral, en un feo sedurtor, en un escritor tragicómico, en quien dijera que filosofaba para seducir, es difícil separar realidad de ficción, fantasias de presencias y apariencias.
El filtro de lo políticamente correcto supuso que el año pasado, en su centenario, perdiera Jean Paul Sartre hasta el sempiterno cigarrillo de las fotos. Y era entre patético y cómico leer a los batallones de conversos escribir algo así como: es verdad que fui sartriano, pero estaba engañado, Sartre se equivocó en todo, los sartrianos son mis enemigos...(si se cambia "sartriano" por "el tabaco", por ejemplo, se entiende mejor la falacia del argumento).
Les paroles de Sartre nos acercan a la mente compleja, llena de libros, de un personaje creyente y ateo, sensible y racional, egregio y bajito, feo y seductor.
Sartre, en coherencia con sus contradicciones, rechazó el premio Nobel (aunque luego pidió el dinero; y se lo denegaron).
