Cromos perdidos.

Al hojear el álbum de la infancia encuentro páginas en blanco, cromos perdidos, casillas por llenar y muchos rostros difuminados, olvidados con el paso del tiempo.
Me saludan por la calle e intento buscar en mi álbum, pero no encuentro el cromo. Yo sí debo salir en el suyo, pero no hay manera. Ni un nombre, un rostro, una mirada, una anécdota, un suceso que nos una, que haga de puente con el pasado. Nada. Perdí esa página de la infancia, no tengo ese cromo, y eso que tengo muchos repetidos.
Mi album sigue vivo porque retoco los cromos, los edulcoro y mimo, plastifico mi memoria con el celofán de los buenos momentos, de los sabores dulces que nos permiten relamernos y provocan el esbozo de una sonrisa.
Pero este cromo no lo tengo, se perdería en algún traslado, con las prisas, se cubriría de niebla y moho, quedaría sin brillo, apagado, borroso, indiferente. Es un cromo perdido.
