El animal moribundo, Philip Roth.

El paso del tiempo como testigo insobornable de nuestro devenir.
Philip Roth (Nueva Jersey, EEUU, 1933) es uno de los grandes escritores norteamericanos vivos. Destacó con su trilogía: “Pastoral Americana”, “Me casé con un comunista” y “La mancha Humana”. En esta novela, breve y densa, “El animal moribundo”, explicita los recuerdos de un septuagenario.
Un profesor universitario cuenta sus experiencias sentimentales con una mujer casi cuarenta años menor. El tema ha sido generosamente abordado por la literatura universal. Recuerdo el hedonismo de “La muchacha de las bragas de oro” de J. Marsé, la culpabilidad de “La historia del buen viejo y la bella muchacha” de I. Svevo, la tragedia de la “Lolita” de Nabokov, la sensualidad de "La casa de las bellas durmientes", de Y. Kawabata o la caída en "Desgracia" de Coetzee.
En esta relación asimétrica también hay obsesión y dependencia, pero sobre todo es utilizada por el autor como trampolín para abordar un amplio abanico de materias. Y es en estas digresiones donde crece la novela. Al estilo de las obras de M. Kundera, y siguiendo la línea más actual de la narrativa contemporánea, lo fraccionario y lo poliédrico es abordado multidisciplinarmente.
La vejez, el sexo, la emancipación femenina, la muerte
"el sexo es también la venganza contra la muerte"
, el paso del tiempo, las relaciones familiares, la amistad y, sobre todo, una radiografía de la sociedad americana -y por extensión, occidental- son los temas que se bosquejan en “El animal moribundo”.
Desde la primera persona del singular, dirigido a un personaje desconocido, a través de extensas y amenas parrafadas, vamos conociendo las vicisitudes del protagonista. En ocasiones, resulta divertido, otras patético, pero siempre interesante en su búsqueda de un significado vital.
