El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy.

Un barco repleto de buena literatura irrumpió en las postrimerías del siglo XX procedente de la India. La escritora Arundhati Roy (Kerala,1960) nos ha obsequiado con una gran novela.
“El dios de las pequeñas cosas” es una obra coral, sobre un universo mágico, rebosante de fantasía, por eso se la compara, con razón, con “Cien años de soledad” de García Márquez.
Las vicisitudes de distintas generaciones de una familia india riegan de frescura esta novela; que resulta universal, en el sentido de global, armoniosa y profunda. A través de una danza de sentimientos nos inundamos de pasión, hipocresía, amor, muerte…Un mosaico de situaciones que no ocultan la violencia sexual ni lo escatológico, siempre barnizado con enormes dosis de ternura.
La autora se formó en la realización de guiones cinematográficos y eso se aprecia en la construcción de las escenas. Como lectores parece que nos hayan regalado un libro con cámara de zoom incorporada, donde casi llegamos a tocar a los personajes, como si estuviéramos dentro de una película de dibujos animados.
En una sociedad donde las castas y los Intocables son protagonistas, la infancia no es el paraíso perdido. La Arcadia mítica no existe, como nos enseñó Orson Welles en su película “Ciudadano Kane” o más recientemente Clint Eastwood en “Mistic River”.
Los flashback son constantes en esta novela salpicada de metáforas certeras y precisas, donde “un barco de bondad surca un mar de pecado”, una mujer “tenía la mejor de las intenciones pero la peor de las vejigas” o “el silencio llena como si empapara una esponja”.
Arundhati Roy nos invita a la exuberancia de la India y el viaje aporta imágenes inolvidables a nuestro álbum vital.

sfer dijo
"Y el Aire estaba plagado de pensamientos y Cosas que Decir. Pero en momentos como ésos sólo se dicen Pequeñas Cosas. Las Grandes Cosas permanecen dentro, sin decirse."
25 Marzo 2006 | 03:07 PM