Papá: ¿cuánto queda?

Un niño sensato, a los dos minutos de emprender un viaje, siempre pregunta:
- ¿Cuánto queda? papá (o mamá).
Y estos, sorprendidos, suspiran:
-¡ufff!
-¿Mucho o poco?
-Sólo 3 horas.
-¿Y cuánto es eso?
-Un poquito...
Y al rato se repite la conversación...
De mayores seguimos queriendo controlar el tiempo, sin entenderlo. Dios creó el tiempo y el hombre puso las prisas.
Cuando tienes pocos quehaceres te acercas a la orilla del aburrimiento, y te entra vértigo. Así, en movimiento pendular, buscamos ocupaciones, si hace falta las inventamos. Y ¡uufff!, como el niño que quiere llegar a algún sitio, nosotros queremos acabar las faenas, las nuevas ocupaciones surgidas. Y recuerdas: ¡qué tranquilo estaba antes!
Sísifo estaba condenado a subir una piedra a la cima de la montaña. Al llegar arriba, rodaba y bajaba a buscarla para volver a subirla...
También Penélope tejía y destejía...
y Nietzsche habló del eterno retorno...
