Una rosa de Francia, M. Gutiérrez Aragón
Me enamoré del cine de Manuel G.A. al ver La mitad del cielo (1986). Igual que de J.L.Cuerda por El bosque animado(1987). No es ajena mi biografía a estas preferencias por ese mundo mágica que comparten las dos obras. Por ese paisaje mítico, gallego y norteño, que me remite al territorio de la infancia. Con mi abuela paterna haciendo empanadas, atando a San Cucufato y falando e falando.
M. Gutiérrez Aragón sabe crear una atmósfera, un hilo conductor, que da armonía a todas sus películas. En esta ocasión lo pone fácil el Caribe, con su sensualidad, la música, el acento, el clima... Ese recrearse la cámara en los culos -redondos, cálidos y circulares, claro- me ha recordado al García Márquez septuagenario y "sus putas tristes".
J. Perugorría es según el director un "malo encantador". El problema de la cinta es que para que haya malos tiene que haber buenos. Aquí no los hay, aunque se premie al final a la pareja joven con sueños de amor y se castiga al protagonista por proxeneta, por antiamericano o por "necesidades del guión".
Recuerdo al J.Perugorría de la genial Fresa y chocolate(1993) de G. Alea.
Al iniciarse "Una rosa de Francia" soñé con "América, América" (1963) de Elia Kazan, por la ironía de los diálogos iniciales, pero fue un espejismo.
Vemos una isla anclada en el tiempo, en el pasado, en su ombliguismo histórico, que no se sabe si M.G.Aragón quiere denunciar u homenajear con esta alegoría nostálgica, salsera y sabrosona, complaciente y machista, plagada de culos, redondos y circulares.
