Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll

La Alicia de la foto procede de Disney, que se basa en el clásico de L. Carroll.
Alicia en el país de las maravillas envuelve por su magia, su irracionalidad. Nos devuelve a un mundo al margen de las leyes físicas. L.Carroll, enamorado de la lógica, del verbo, de las palabras, vio con Nietzsche que somos seducidos por el lenguaje; embrujado por él, como Wittgenstein.
Leerlo es como ver una peli de dibujos animados, entrar en un cuento infantil, acercarse al surrealismo.
Y deja caer gotas de reflexión -el chaparrón de lógica vendrá con "Alicia a través del espejo"- como cuando el Sombrerero dice:
Si conocieras al Tiempo como yo, no hablarías de emplearlo o perderlo.Él es muy suyo.
El tiempo no soporta que lo marquen ni que lo clasifiquen. En cambio, si estuvieras con él en buenos tratos, haría casi todo lo que tú quisieras con el reloj.
Y además de jugar con el tiempo, Alicia crece y decrece, aparece y desaparece en el espacio.
Si en el mayo del 68 se proponía "la imaginación al poder", L.Carroll es sabedor como los lógicos de la Baja Edad media que "de lo falso se sigue cualquier cosa" y juega con el espacio-tiempo décadas antes que Einstein.
