imprevisto
La cita con el dentista era a las 6. Cogí el coche apresuradamente y al pisar el embrague hasta el fondo ya no se ha levantado. Tuve que llamar a la grua, y al dentista para anular la cita.
Mañana tendré el coche reparado. A veces, vienen bien los pequeños imprevistos. Andaré un poco. Me vendrá bien para combatir mi sedentarismo.
Estamos instalados en el primer mundo. Con sacar el movil del bosillo nos comunicamos. El conductor de la grua era un inmigrante del Este, muy suelto y eficaz en su trabajo. Contrastaba conmigo, impotente ante una pequeña silga de embrague rota.
Se picó con un coche que no le dio el paso, casi se pone violento.
La semana próxima volveré a ir camino del dentista. Aguantaré con ayuda del neobufren.
