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La Coctelera

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Categoría: pinceladas

10 Julio 2011

En Marte

 

En Marte no hay columpios. Se los llevaron los cobradores del frac. En Marte hay violines que suenan desafinados al amanecer. En Marte no hay amanecer. Sólo noches pedregosas donde las ondas se bifurcan en pantanos amarillos. En Marte no hay pantanos, ni submarinistas, sólo rompecabezas de madera. En Marte no hay árboles, ni sol, ni avenidas con semáforos. En Marte no hay guardias de tráfico, ni medidas de seguridad, ni ministro de interior. En Marte no hay gobierno porque el caos es el gobierno. En Marte la lluvia es irreal, el agua cae en un espejismo que suplanta a los marcianos, que invade mares sin agua. Las olas de Marte son una alucinación colectiva, singular, atípica y ejemplar. En Marte no hay semanas, ni días. En martes cuando pasa el lunes se enfrían los gases y en el fondo del armario una escopeta dispara la alarma, la llegada de un verano celestial, de un invierno glaciar, de una estación cósmica, de un permiso de residencia, de una estación de paso, intergaláctica, llevadera. En Marte los días son muy largos y la vida muy corta, como en todos los planetas.

 

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12 Agosto 2010

¿Aún estamos así?

 

Más que un grito de guerra, lo es de desesperación. A veces oyes una voz interior que te recuerda dónde te has estancado. Como un peón que no cambia de casilla, te expones a ser absorbido por el tiempo, a ser apisonado por el sentido común, por la historia, por las circunstancias. El aprendizaje es continuo, y la estulticia reincidente. Más que tropezar en la misma piedra, te caes y pierdes las fuerzas para levantarte. ¿Aún estamos así? Cuando oyes de nuevo la voz, constatas que has avanzado muy poco. Que a veces no tienes como raíces unos píes, que a veces te incapacitas para actuar. Aspiras a llevar un paso lento y seguro, a circular con precaución, cuando ves adelantamientos indebidos, frenazos, accidentes, oyes gritos de júbilo, hueles el peligro y te aburres. Decía K. que algo grave habría hecho mal en la vida, aunque no sabía qué. La desorientación es una marca de la casa. ¿Aún estamos así?

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30 Junio 2010

Días largos

 

Con lo corta que es la vida, qué largos son algunos días. Llueve, hace calor, tienes frío, sudas, tiritas, te abrigas, te desnudas, te cambias de ropa y te acuestas exhausto, como si hubieras viajado muy lejos, cuando no has salido de tu barrio, porque no funcionaba el metro o porque se escapó el autobús, o quizá te había caducado el pasaporte. Los días más largos no hace falta viajar. En realidad no hace falta que cambie el tiempo, en realidad en tus paseos eres el piloto que viaja en sus zapatos. Te conformas con que no te salgan ampollas y caminas por calles luminosas y senderos siniestros, por avenidas desconocidas que has recorrido cientos de veces, cada nuevo paseante la hace novedosa. Te levantas contento, te crees el elegido de los dioses, caminas altivo y ufano, recibes miradas y sonrisas como si fuera tu cumpleaños, te paras en los semáforos y todos te miran, o casi, te aplauden, o te lo imaginas, la calle te queda pequeña pero eres el elegido en una mañana soleada y veraniega de este año cansino en el que queremos ser más austeros, en estos días prevacacionales  en los que vemos el fútbol por la tele, en los que los telediarios nos resultan repetitivos, en los que se convocan manifestaciones, huelgas, en los que las guerras de cifras, las calculadoras, los altavoces y el pido la palabra son protagonistas. Días en los que las nubes nos vigilan atónitas ante los cambios de humor, días de mañanas juveniles, de pausas ante el café, de pasar las páginas del periódico en busca de la foto en color, de saltarse las esquelas, de mirar de refilón el horóscopo, de notar la ropa interior demasiado ajustada, de querer descansar un poco, de dejar para el otoño la visita al dentista, de creerte merecedor del descanso que no llega. Los tomates del super siguen sin enrojecer y dudas si les vendrá mejor la despensa o el frigrorífico, dudas si tú has madurado lo suficiente, dudas entre lo crudo y lo cocido, desconfías de las ofertas, del 2X1, del vuelva usted mañana, de las sonrisas gratuitas, de las miradas del perro, de las imágenes que adora Maradona, de las ventas a plazos, de los comentaristas deportivos, de los forofos,  de las nuevas tecnologías, y de las viejas. Pero esta mañana estabas contento, te sonreía la vida, no te apretaban los zapatos. Por la tarde esperabas buenas noticias, una llamada, una frase, un gesto, la lluvia, la luna, un vaso de vino, un billete de avión, un pasaporte nuevo, un viaje en ascensor, la ventana que se abre, las palomas que picotean, un refresco, la ducha fría, la manguera que se contagia de un año de lluvias. Esta tarde has salido a enfrentarte al sol, a mojarte en una terraza donde el viento vigila tus pasos. Las tardes calurosas te baja el ánimo y sospechas que el mundo está mal hecho. Es curioso cómo en unas horas, con unos bostezos, un café, una charla simpática, te cambia el ánimo, te encoges al mundo y te cansas, en unas horas, sin que cambie el tiempo, sin recibir malas noticias, sin ver llover, sin quitarte los calcetines, sin esperar nada, te retiras vacío e incompleto cansado de no ver llover. Cuando llueve al menos tienes de qué protegerte, se supone que de lo repetitivo de las gotas. Cuando no llevas paraguas, como si te afeitaras, como si te hubieras cortado el pelo, caminas a otro ritmo, con un paso más cansino, dubitativo y sospechosos, ya no te miran en los pasos de cebra, se acabó la magia, cambias de calle y se acabó la magia, hay calles tristes y necesarias que las recorres de puntillas, como si fuera a pasar algo, como si atropellaran a un gato negro, parecido a cuando lees una esquela y te sientes lejano de la muerte, y no entiendes nada, y empiezas a sospechar por qué las esquelas siempre serán en blanco y negro. Por la noche bajas la persiana y recuerdas que mañana será otro día, que hay días tan largos, que todavía es miércoles, que aún es miércoles, que el tiempo es mentira, que quizá los sueños que no recuerdas fueran los más importantes. Y tienes sueño y de nuevo es tarde y el mundo es una sombra misteriosa que con su sábana de pétalos te cubre de amor y miedo.   

 

 

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28 Junio 2010

DIBUJOS

 

El sueño es un amigo que se aleja.

El tiempo es la ropa más y más usada.

El verano es una cafetera exprés.

Una ducha fría es un violín viejo.

Cerró la puerta como si muriera.

Abrió la  puerta alegre como un niño.

El silencio nos espera en la puerta.

La calle se ha vestido de tristeza.

La primera vez es un recuerdo azul.

Las hormigas ven semáforos verdes.

El agua está cada día más fría.

Las montañas, bostezos de jirafa.

La luna, un supermercado en rebajas.

El sol quema, pero no duele mucho.

Dibujo escaleras en su sonrisa.

No pinches el agua con alfileres.

El domingo es una manta en el sofá.

Despertar: levantar el pie del freno.

 

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26 Mayo 2010

Niños

 

En el patio del colegio dábamos patadas y balonazos. Los más altos y torpes se refugiaban en la cancha de baloncesto.

La más pechugona de la clase se tapaba la delantera con los libros. La llamábamos La Orgasmos.

Truman Capote decía que los tatuajes son el distintivo de los condenados a muerte.

Los romanos bebían el vino mezclado con agua caliente.

Lavarse mucho siempre ha sido sospechoso de querer limpiar las culpas.  

Machado se casó a los 34 años con Leonor, de 15 años.

Horacio llama a Cupido ardoroso niño.

El baloncesto, los pechos de silicona, los tatuajes, el vino fresco, la ducha diaria, la pederastia, el amor. El amor sigue siendo un niño ardoroso.

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24 Mayo 2010

Películas

 

En las peores películas siempre queda una bala en la recámara. Me siento un personaje de serie B. Los decorados cambian de escenario, los fotogramas se repiten como los juegos de los niños. En la frontera se hacinan los cuerpos de los indios; los vaqueros huyeron de la programación. Desenfundar el primero no me libra de lacerantes escenas. Las crines de los caballos se tiñen de rojo.

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20 Mayo 2010

La quimera del silencio

 

 Lejos de las palabras, cuando ya no queda qué decir, aparecen los fantasmas. Te reciben en albornoz, disfrazados de mayordomos. Son benignos los fantasmas, como los serenos. Te acompañan en penumbra a la habitación. Con una vela cubren tu desamparo. No usan sábanas los fantasmas de la soledad. Transitan por los pasillos con un movimiento cansino, parecen verdugos. Sin palabras, ceremoniosos, acuden a tu encuentro sin nada que decir, sin nada que ocultar. Convivir con los fantasmas es un negocio vil. La quimera del silencio se hace real a medianoche. Cuando no quedan cartas, cuando los pasillos están deshabitados, cuando se consumen las velas, cuando los fantasmas desvelan su insomnio, cuando descubres que dormir sería un sueño. Rompes el espejo y entras en una mazmorra donde oyes cantos de sirenas que bailan la danza del vientre. Las sigues hasta el puente levadizazo donde los cocodrilos te confiesan su incapacidad para masticar. Los reptiles son los menos peligrosos. Recomponer el espejo te llevaría años. Las palabras son difíciles de pronunciar. El silencio es una quimera.

 

 

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13 Mayo 2010

Cambiar

 

Cambiar es ventilar la ropa y vestirse de gris. Abrir los cajones y perfumar la casa. Cambiar es romper las fotos y salpicar las vitrinas de nostalgia. Soplar al aire y enjuagar los verbos. Cambiar es vender las compras, suspirar, regalar tesoros a los piratas que heredan tus ruinas. Cambiar es un negocio a fondo perdido, una piscina vacía, el patio de luces de la infancia. Cambiar es jubilarse sin descuento. Cambiar es un gesto digno de valientes, de tullidos, una huida hacia delante. Cambiar es la aventura diaria, el viaje a lo desconocido, una salida ante el hastío, un ejercicio de dignidad. Cambiar es  el silencio de los rebeldes, cambiar es el SOS que pedimos los desesperados.

 

 

 

 

 

 

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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