http://www.youtube.com/watch?v=bLIYwffM7UU
Podría escribir que las hazañas, por colectivas, son más hazañas.
Podría escribir que el todo es más que la suma de las partes, como nos explicó Hegel.
Podría contar que el fútbol en particular, el deporte en general, tiene su origen en la guerra, es una sublimación de la guerra.
Podría recordar que en los juegos de suma cero sólo gana uno: en el fútbol también.
Podría escribir que la lucha es una visión hobbesiana del mundo, una metáfora de la competitividad, de la ley del más fuerte.
Podría ponerme triste y recordar a los perdedores.
Podría escribir los versos más tristes esta noche: ya lo hizo Neruda.
Podría mencionar y menciono que la música es de Puccini, el aria Nessun dorma de la ópera Turandot de Pucccini. Que las imágenes son de la película Gladiador de Ridley Scott.
Podría seguir con el copia y pega y citar a los veintitantos jugadores del Barcelona.
Podría decir que siempre he sido del Barça y mentiría.
Podría escribir que soy un apasionado del fútbol y tampoco sería muy exacto y necesitaría más espacio para explicarlo y será en otra ocasión cuando relate mis relaciones de amor/odio con el fútbol.
Podría decir que Messi me ha reconciliado con el balón y es una hipérbole, no muy alejada de la realidad.
Podría escribir que Guardiola me cae bien, porque me cae bien, como también digo que Pellegrini me cae bien. Pellegrini es del Madrid. Yo antes era de los pobres equipos que perdían, ahora me apunto a los ganadores (demasiadas derrotas, demasiadas cicatrices).
Podría recomendar, pero ya no hace falta, ver (¿visionar?) este video que inspiró a los jugadores del Barça a ganar la Champion. Este video que ya es historia, que pasará a la historia culé.
Podría decir que pasará a la historia del marketing,
de la psicología deportiva,
de la seducción,
de los ganadores.
Podría seguir escribiendo,
hablando de fútbol,
podría seguir, pero acabo citando a Albert Camus: Todo lo que sé sobre la condición humana, lo aprendí gracias al fútbol.
servido por liber
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En el túnel de vestuarios Pascual Margall lo saludó. El ex alcalde, desde su incipiente desmemoria, parecía desearle al Pelao, al pequeño buda: ésta va a ser tu gran noche. La vuelta al Nou Camp tiene algo de mágico para quien ha debutado a los 19 años bajo la tutela de Cruyff, para quien luego ha sido tachado de fracasado. Iván ha jugado en el Barça, en la selección, ha ganado títulos, ha salvado al Español de descensos y es uno de los mejores pasadores; cuando Ivan toca el balón ve los pasillos que se crean entre los jugadores y a esos espacios vacíos lanza la bola para que algún avispado compañero la remate. Hay una conexión entre Guardiola, De la Peña, Xavi e Iniesta. Jugadores criados en la Massía azulgrana que acarician el balón con la habilidad de García Márquez para unir las palabras. Futbolistas para los que el balón es su aliado. Y faltaba un eslabón, que ayer los dos goles de Ivan devolvieron a la cadena del talento futbolístico. Llevaba cuatro años sin marcar en liga, pero a sus 32 años, Iván supo aprovechar la ocasión que los defensas azulgranas y la historia le brindaban. Tras varios empujones con Eto,o, en una de las muchas tanganas en el centro del campo, el realizador enfocó a dos de los grandes: Messi y De la Peña charlaban sonrientes y cómplices, dos rivales que anteponían su talento a la rivalidad. Inspirado por Margall y por Messi, Iván sólo tuvo que empujar la pelota, primero de cabeza y en el segundo de vaselina, para reconciliarse con la historia, para celebrar en su estadio, sí en el Camp Nou, dos goles de homenaje a la carrera de uno de los mayores talentos del fútbol español, de quien por lesiones, estilos de juego, tácticas o falta de continuidad no se había sentado en el parnaso. Sí, esto es una hagiografía de Iván De la Peña, un jugador (como Guti en el Madrid) falto de suerte y sobrado de técnica, un artista con el balón, que parece que lleva en los bolsillos la escuadra y el cartabón, para repartir balones con la precisión con la que el arquitecto dibuja líneas en el plano. El público lo abucheó, pero seguro que Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi sintieron por un instante un inconfesable calambre de felicidad al ver reconciliarse con el gol a un compañero de estirpe. La noche de Iván.
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