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La Coctelera

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Categoría: actualidad

19 Abril 2010

Crisis

 

Como las vacas locas y la gripe A. Más poético todavía: nubes de ceniza. Como fumar en un avión.  ¿Y si dejáramos de volar? Saramago haría una novela (¿qué pasaría si todos fuéramos ciegos, si tuviéramos un doble, si dejáramos de morirnos?) a partir de la pregunta: ¿Qué pasaría si dejáramos de volar? Si dejáramos de jugar a pájaros, a surcar los vientos, a cambiar de continente como niños que cambian cromos. En el aire hay partículas contaminadas de nubes de ceniza, de tiovivos de silencio, del aroma fugaz de un susurro, de los besos que dejan huella. El miedo en un puñado de polvo distancia los aviones de la realidad. En un agujero negro y volátil se pierden los aviones del futuro, los deseos de generaciones de astronautas, los hijos que ya no tendrán los pilotos (la base de datos de virus ha sido actualizada. Puede descargarse la última versión). Los ingenieros aeronáuticos exhalan humo y los controladores aéreos miras a las nubes de su cartera. Las azafatas cuelgan sus zapatos de las perchas de una primavera gris, sin tacones. El tráfico aéreo se desploma por sobrecarga, por exceso de equipaje, por sobrepeso de maletas. En las terminales, una lluvia de pájaros vuela sin pasaje destino al futuro, dirección noche. Las cigüeñas sacan viejos trajes del nido analógico, cubiertos de morriña digital. Como en cualquier crisis, los cuervos se acercan a los aeropuertos y hacen negocios kilométricos. En la salas de espera naufragan tarjetas de embarque y sueños rotos. Los teléfonos móviles tejen las ondas de desengaño y promesas. Los indigentes ocuparon lentamente los aeropuertos y ahora son devueltos a parques grises y bancos verdes, a cajeros sin cristales, a la sombra de los semáforos. En las oficinas de reclamaciones miran al cielo y soplan con el vigor que balancean los meteorólogos. Las listas de espera son cestas sin fondo, esperanzas lejanas, volcanes sedientos. Las compañías se reciclan y en las pateras siguen viajando los mismos.

 

 

 

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9 Abril 2010

Premios

VII Concurso Literario Villa de Benasque. Poesía Autores Aragoneses.  

 

  1. El Excmo. Ayuntamiento de Benasque (Huesca), convoca el VII Concurso Literario que se otorgará a un relato de forma y temas libres, y a un libro de poemas de forma, tema y metro libres. Podrán presentarse todos los autores aragoneses o residentes en la Comunidad Autónoma de Aragón que escriban en lengua castellana, a excepción de los que hayan obtenido premio en convocatorias anteriores.
  2. Los trabajos que concursen habrán de ser originales e inéditos y de extensión de diez a veinte páginas, tamaño folio, en el caso de los relatos, y de una extensión no inferior a 500 versos, en los poemarios.
  3. El plazo de presentación de los trabajos, terminará el día 5 de marzo de 2010 a las doce horas. Los originales se remitirán bajo lema con la indicación "Para el Premio Literario Villa de Benasque". En sobre o documento por separado, en la "Plica" que acompañará al trabajo presentado, deberá figurar el nombre y apellidos, domicilio del autor, fotocopia del D.N.I, haciendo constar en el exterior el lema y la modalidad a la que se opta.
  4. Las Obras se podrán remitir por correo certificado al Excmo. Ayuntamiento de la Villa de Benasque, Servicio de Cultura, Plaza del Ayuntamiento nº 1, 22440 de Benasque (Huesca), y también se podrá remitir vía correo electrónico, documentos por separado (obra y datos del autor), expresando la modalidad a la que opta, e-mail: info@turismobenasque.com
  5. El importe del premio será para cada modalidad de 880,00€. El Ayuntamiento de Benasque podrá gestionar la publicación de la obra premiada. (Se aplicarán las retenciones establecidas por la Legislación Vigente.)
  6. El Jurado calificador estará formado por destacadas personalidades del mundo de las letras y de la cultura, siendo su fallo inapelable. Se podrá declarar desierto el Concurso, si a juicio del Jurado, ningún trabajo reuniese méritos suficientes o no se ajustase a las condiciones establecidas en la convocatoria.
  7. Los originales no premiados, serán destruidos.
  8. El fallo del Concurso y la entrega de premios se realizará durante el transcurso de una Velada Literaria organizada por el Excmo. Ayuntamiento de Benasque (Huesca), durante la segunda quincena del mes de abril de 2010. Previa notificación, el propio autor o persona en su representación, deberá recoger el premio.

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23 Marzo 2010

Messi o Benedetti

 

 

 

 En el recital de poesía oponen a Messi a la poesía. Enfrentan a Messi a Benedetti. Desconocen que Beneditti también disfrutaba viendo a Messi. Las oposiciones son techos de cristal, nubes que ocultan el sol, muros que hay que traspasar. Escribo de filias y de fobias mientras escucho a Mecano, yo que fui de Ramoncín, Sabina y Los Suaves.  ¿Los Rolling o Beatles? ¿Serrat o Rapahel? ¿Palabras para Julia por Paco Ibáñez o Los Suaves? Las oposiciones nos limitan, nos hacen más pequeños. Elegir es equivocarse, rectificar es aprender. Los prejuicios son barrotes escritos en la memoria, cárceles de las que huir. Los marcos delimitan el cuadro, puedes quitarlo para ver mejor. La belleza es lo más importante, no es lo único importante. La poesía cabalga por las esquinas, en las plazas, en el lirio azul que me han dado en el recital que he depositado en agua, transparente, mañana turbia, fresca, la poesía también habita los campos, se contamina de un balón que rueda entre montículos, que lucha contra la gravedad. Messi acaricia el balón como Benedetti las palabras, Messi corre pegado al balón por extrañas fuerzas que ignoramos, que admiramos, como la técnica poética, como la magia de un movimiento inesperado, como un gesto amable, un susurro, la luz sorpresiva de unos ojos, una invitación, un roce, una sonrisa, el lirio que brilla en el comedor exiliado del campo, huérfano de compañía. Somos mejores cuando en lugar de restar sumamos.

 

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19 Marzo 2010

Jubilación

(14 Febrero 2010) 

   Se jubila. Con 65 años se jubila, como todos, de momento. Se llama Luis y sale de la cárcel. Su apellido se hizo famoso. Y sus títulos universitarios, que no existían. Un esnob, alguien que quería y no podía. Muchos hemos soñado alguna vez con ser Luis Roldán, con colarnos en las fiestas de los mayores, con seguir viendo la película cuando nos mandaban a dormir a las diez, con oír las conversaciones de los mayores, con entrar a las reuniones a puerta cerrada de los jefes, con asomarnos al lavabo de señoras, al cuarto donde no nos corresponde. Con el tiempo nos  conformamos con escribir y leer sobre lo que no podemos vivir. El fisgoneo, la curiosidad sin límites, el levantar impúdicamente la alfombra tiene castigo social, es la defensa del orden establecido. Que fuera el director general de la guardia civil quien vulnerara ese orden lo convierte en maquiavélicamente atractivo. Hace unos años surgió un clamor popular y populista diciendo: que me devuelva mi dinero, que no recupere la libertad hasta que me devuelva mi dinero. Este brote patriotero nunca lo entendemos los individualistas, a los que con Brassens la música militar nunca nos supo levantar: la mala reputación. El alcalde de Zaragoza, en lugar o además de promocionar juegos de invierno, podría promocionar la ruta turística de Roldán, el camino diario que recorre este jubilado que sin cumplir los sesenta y siete años se paseará de nuevo por las calles del Ebro, entre el cierzo y la bufanda, con quince años de presidio a sus espaldas, que podrá escribir un libro sobre sus andanzas como pícaro de la democracia. El Dioni, Roldán y Mario Conde son Zaratustras, Cenicientas, los Robin Hood que olvidaron la segunda parte del cuento, héroes despojados de lo efímero que es el poder, príncipes desnudos descubiertos a las doce de la noche, desvelados después de conseguir lo más difícil: seducirnos y recibir el aplauso general. Sería muy duro reconocer por cuántos correveidiles y arribistas nos hemos sentido atraídos. En el fondo lo que más nos molesta es habernos dejado engañar, que sin ser carnaval nos la ponga dura un travesti. Nuestra hombría se tambalea cuando recordamos que no nos podemos fiar de nadie.  Cuando nos engaña el hermano o la pareja, se tambalean los valores prístinos, se extiende el olor a podrido y se arquea la fe. Con el castillo de naipes por el suelo, cada carta que recogemos es una lágrima que se clavará en nuestro ataúd.  

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14 Marzo 2010

Curiosidad

 

 

 El gen de la curiosidad me lleva a preocuparme de tontadas. A estar pendiente de situaciones que no me interesan para nada. A perder el tiempo. Quizá sea ese pasar el tiempo una excusa, una forma de olvidar que la vida es corta y los días muy largos. No me gusta la Fórmula 1  pero estoy pendiente de los resultados. ¿Qué me importará a mí? Como tantas otras cosas. Tantas noticias que escucho para olvidar al momento, amparado en una memoria frágil como un colador. Las carreras de coches no me interesan, de hecho nunca me he identificado con la cultura del coche. Y eso que lo utilizo a diario desde hace años. Mi padre no conducía y yo me adhiero al coche. Los mecanismos de compensación se dan en la vida. Puedes pasar media vida huyendo de algo y caer en la tentación la otra media. Movimientos pendulares, cambios de estrategia, conversiones surgidas de los deseos más íntimos. Cuando relees un libro que te gustó mucho te decepcionas, más que decepcionarte el libro te decepcionas tú, ese que fuiste tú, y desde la experiencia y altivez te miras por debajo del hombro: qué ingenuo era. Como si hubiéramos cambiado tanto, más allá de las arrugas, de las derrotas, más allá de la templanza queda una mirada al mundo, un estar en el mundo desde tus propios ojos. Hay cosas que no cambian. Como esa curiosidad placentera y superficial que permite pasar una tarde sentado en un banco a la fresca, viéndolas venir, gratuita, libremente. El ocio y la curiosidad no cotizan en bolsa, son patrimonio de la sensibilidad.

 

 

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8 Marzo 2010

Los internautas

 

 Quienes pasamos muchas horas diarias ante el ordenador estamos de enhorabuena. En general es una buena noticia para las nuevas generaciones. Cuanto más jóvenes, más horas ante el ordenador. Más horas en el ordenador: más listos. Nos dicen que en diez años seremos más inteligentes gracias al uso de las herramientas on-line. Gracias a nuestra dedicación, gracias al esfuerzo informático, en lugar de explotarnos las neuronas, mejoraremos nuestro cerebro. La especie humana se retroalimenta del progreso. Pasada la incertidumbre inicial, nos reconciliamos con las máquinas. Estar sentado horas y horas ante la pantalla no perjudica a la vista, ni a la espalda, ni produce radiaciones, ni nos emboba, ni nos vuelve sedentarios, ni sumisos. Ahora sabemos que son horas de enriquecimiento neuronal. ¡Viva la inteligencia! pasa de ser un grito anti-guerra a una estrategia informática. Informática y comercial. La falta de profundidad se compensa con la abundancia de  información. Toda la información a nuestra disposición. En la cultura de la imagen, las imágenes suplantan a la imaginación. Y las neuronas trabajando, a su ritmo, con la esperanza de hacernos más listos. La inteligencia es tan difícil de medir que sólo los informáticos podían hacerlo. Sólo los vendedores de ordenadores podían decir que seremos más inteligentes. Más inteligentes para el uso de las nuevas tecnologías. Los pastores desarrollan su inteligencia para cuidar ovejas (y Miguel Hernández para hacer poemas), y los internautas para seguir en el ordenador. Supeditados a una realidad virtual cada vez más irreal sólo nos queda cambiar de ordenador, de pantalla, de red social, de amigos virtuales, de imágenes, cambiar las fotos de nuestros ídolos año a año, conforme nos adaptamos a un teclado que vilmente llamamos ergonómico. La pantalla es nuestro espejo, la caricatura de una vida, una pesadilla en tres dimensiones. El calentamiento global se extiende por las habitaciones, nos engloba en su deriva, náufragos del espacio. Ahogados de sinrazón.  

 

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15 Febrero 2010

En la carretera

 

            En bicicleta, con pistola y pendrive. El ministro dice que no es normal. Ya sabíamos que de cerca nadie es normal. Ni un terrorista.

Desconocemos si llevaba  chándal, si correrá el próximo Tour, si usaba cronómetro, si pedaleaba con pasión. Los ciclistas afrontan las cuestas con verdadera pasión. Llevar una pistola  oculta en el maillot es indicio de delito, en España.

Desconocemos si llevaba móvil, extraña que no llevara móvil. Por pura economía, por adaptación al medio, tuvo que optar entre el móvil, el bocadillo y el pendrive. Yo cuando salgo de casa echo mano al bolsillo y tanteo las llaves; el pendrive lo tengo abandonado, semivacío. Salir a pedalear con un ordenador a cuestas es pura adaptación al medio, al siglo veintiuno.

Desconocemos si la pistola iba cargada, suponemos que iba cargada. Los informáticos estarán rastreando el lápiz óptico, calculando los kilómetros de atentados que permite el avituallamiento. La bicicleta la revisarán los mecánicos y medirán los radios de inquina que se acumulan en la rueda trasera.

 Desconocemos la velocidad a la que es detenido un ciclista que porta una pistola. Probablemente no llevara dinero. Los euros se abandonan en casa cuando se utilizan armas sofisticadas, y un pendrive. En una mañana invernal, cuando los perros se cobijan en los portales, es triste contemplar a un ciclista que sale a comprar el pan con un pendrive oculto en los pantalones.

Desconocemos si usaba casco. Intuimos que las siguientes detenciones no tienen que ver con el mundo del deporte.

Desconocemos si estaba federado el ciclista que viajaba armado. En la carretera vemos gatos muertos en la cuneta, pero no esperábamos cruzarnos con un ciclista armado, con un pendrive.

 Desconocemos tanto.

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14 Febrero 2010

Jubilación

 

   Se jubila. Con 65 años se jubila, como todos, de momento. Se llama Luis y sale de la cárcel. Su apellido se hizo famoso. Y sus títulos universitarios, que no existían. Un esnob, alguien que quería y no podía. Muchos hemos soñado alguna vez con ser Luis Roldán, con colarnos en las fiestas de los mayores, con seguir viendo la película cuando nos mandaban a dormir a las diez, con oír las conversaciones de los mayores, con entrar a las reuniones a puerta cerrada de los jefes, con asomarnos al lavabo de señoras, al cuarto donde no nos corresponde. Con el tiempo nos  conformamos con escribir y leer sobre lo que no podemos vivir. El fisgoneo, la curiosidad sin límites, el levantar impúdicamente la alfombra tiene castigo social, es la defensa del orden establecido. Que fuera el director general de la guardia civil quien vulnerara ese orden lo convierte en maquiavélicamente atractivo. Hace unos años surgió un clamor popular y populista diciendo: que me devuelva mi dinero, que no recupere la libertad hasta que me devuelva mi dinero. Este brote patriotero nunca lo entendemos los individualistas, a los que con Brassens la música militar nunca nos supo levantar: la mala reputación. El alcalde de Zaragoza, en lugar o además de promocionar juegos de invierno, podría promocionar la ruta turística de Roldán, el camino diario que recorre este jubilado que sin cumplir los sesenta y siete años se paseará de nuevo por las calles del Ebro, entre el cierzo y la bufanda, con quince años de presidio a sus espaldas, que podrá escribir un libro sobre sus andanzas como pícaro de la democracia. El Dioni, Roldán y Mario Conde son Zaratustras, Cenicientas, los Robin Hood que olvidaron la segunda parte del cuento, héroes despojados de lo efímero que es el poder, príncipes desnudos descubiertos a las doce de la noche, desvelados después de conseguir lo más difícil: seducirnos y recibir el aplauso general. Sería muy duro reconocer por cuantos correveidiles y arribistas nos hemos sentido atraídos. En el fondo lo que más nos molesta es habernos dejado engañar, que sin ser carnaval nos la ponga dura un travesti. Nuestra hombría se tambalea cuando recordamos que no nos podemos fiar de nadie.  Cuando nos engaña el hermano o la pareja, se tambalean los valores prístinos, se extiende el olor a podrido y se arquea la fe. Con el castillo de naipes por el suelo, cada carta que recogemos es una lágrima que se clava en nuestro ataúd.  

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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