Categoría: actualidad
15 Octubre 2009
Se llama Watches. Parece ser un spam, un correo que me envía mensajes indiscriminadamente. Llevo todo el día recibiendo estos correos, que ahora he conseguido banear. Si no cambia de IP, no me molestará más. Cosas de la informática: Ipes, spam, baneos, emails. La jerga informática, los nuevos lenguajes, la tecnología, las herramientas de la información, de las telecomunicaciones. Me siento ante el ordenador, desde la oficina o desde el escritorio de casa y creo ver pasar el mundo ante mí. Y me entra la sospecha de que éste no es el mundo. Será la realidad virtual. En pocos años nos hemos familiarizado con unos conceptos tan explícitos que resultan sospechosos. Watches anuncia relojes y joyas, se publicita en inglés ante mí, ante mi blog, ante mí, aunque yo no sepa inglés. Lo de menos es el trabajo, el esfuerzo absurdo de borrar más de cien comentarios, que se parece a espantar moscas. Cuando las moscas me rodean, cuando parece que son más poderosas que yo, llega un momento que me rendiría, que me flojean las fuerzas, que me canso de luchar, si me paso el día matando moscas pocas cosas más podré hacer. Las moscas me acercan a lo efímero, a la naturaleza etérea, prescindible. Los relojes (Watches) ven pasar el tiempo, que corre y corre. Creo que era San Agustín quien decía que sabía lo que era el tiempo pero era incapaz de definirlo. A Lope le ocurría con el amor. Hoy ya son habituales los novios virtuales, los amores por internet, las relaciones que pasan la prueba del tiempo. Queda en el aire una sensación indefinida, un extrañamiento que se pega en la piel, un cierto malestar, un picor agridulce con el contacto del teclado, un viaje sin movimiento, el pasar de los años tan pausadamente, letra a letra, como las agujas del reloj.
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8 Octubre 2009
Ayer leía que un escritor recordaba que se había cerrado un Club porque en él se vendían telas. Vender telas ilegalmente sí era y es delito. Hoy leo la noticia de un Club de alterne que se ha clausurado porque en él había una peluquería oculta. Una peluquería ilegal. Y ya sabemos que fue detenido Al Capone por delito fiscal, sólo por delito fiscal. Estos días oímos hablar del “puto pendrive, macho”, si no fuera por el “puto pendrive”, el correas y el bigote estarían tranquilos (caso Gürtel lo llaman). En el secreto de sus ojos, la pasión por el fútbol es lo que delata al asesino, es la pasión por el fútbol el talón de Aquiles de más de 12 cartas escritas por el asesino a su mamá. Las mamás siempre están a la sombra, pero siempre están ahí, siempre he pensado que los mejores detectives son las madres. Cuando aparecieron los periodistas en la puerta del piso de la madre de Luis Roldán, ésta sólo declaró, mi hijo siempre ha sido un buen chico. El mundo está lleno de buenos chicos. Los del pendrive ocupan más de 17.ooo folios. Diecisiete mil folios, de momento, cuando se levante el secreto de sumario aparecerán otros 50.000, cincuenta mil folios más. El presidente de entrada decía: indiferencia. Ahora parece resoplar, como otros dirigentes populares, nosotros no hemos salido, mi nombre no aparece en el listado, mi nombre no aparece en los 17.000 folios. En secreto alguien sentirá decepción, ¿por qué a mí no me regalaron nada? Decepción compensada por la tranquilidad, menos mal que no me regalaron nada. Aparecer en una lista, por muy blanca que parezca, es aparecer en una lista negra: el blanco no existe. Bolsos, trajes, relojes, anchoas, coches, pisos, viajes, dinero negro, fotos, pendrives, caricias, amenazas, besos, promesas, fiestas, bodas, jueces, te quiero un huevo. Algo huele a podrido, en un mundo desquiciado, decía el gran poeta. Nuevos tiempos, viejos hábitos. El bienestar crea una conciencia de incomodidad. Jamás leeré una novela de diecisiete mil folios.
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5 Octubre 2009
Si la página no aparece a la primera, vuelvo a teclear. Es muy fácil teclear, con sólo mover el dedo índice lo reintento. El tecleado digital nos acostumbra a llamar dos y tres veces, a volver a probar. En el mundo analógico estábamos acostumbrados a que un No era un No, con los ordenadores comprobamos que nada es definitivo, que la provisionalidad forma parte de nuestra vida diaria, que llamar de nuevo a la puerta tras una negativa es lo habitual. La señora del Banco me dice que me cobra comisión, pero si hacemos un atajo, un apaño, un trato que ella misma me propone, no me la cobran, la comisión. Sumiso y obediente le digo que sí, que lo que ella diga, que hasta yo prefiero que no me cobren comisión. Qué fácil, que fácil es contentarnos. Ante los Bancos, antes los grandes números, nos doblegamos y casi volvemos a la calle contentos, humildes, dignos. El dinero tiene el sabor amargo de la suciedad de los billetes que se llenan en los bolsillos de motas de polvo. En esta mañana otoñal, de un lunes soleado y fresco, compruebo que las mayores colas se forman ante los Bancos (siempre con mayúsculas) y los estancos, que incluyen tabaco y loterías, los vicios. Como con el dinero, nos pasamos los días contando, midiendo, comparando. El índice de desarrollo humano, la enigmática calidad de vida, el índice de confianza del consumidor. Llenamos el ordenador de números y él nos da el resultado, y nosotros nos lo creemos, nos lo queremos creer si nos favorece, si no buscamos excusas. Los datos que no nos favorecen nos devuelven el frío de la infancia.
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2 Octubre 2009
Una foto otoñal de un almendro en flor. En la escuela nos contaban la leyenda del califa cordobés que plantó almendros para simular una nevada. Por amor. Por amor dijo Neruda: quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. La primavera es propicia a los excesos. En otoño nos conformamos con el caer de las moscas.
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2 Octubre 2009
También el deporte está sobrevalorado. Parece fácil decirlo hoy, el día de las olimpiadas, que ha sido el día de las no-olimpiadas, para Madrid. No hace falta estar en contra de las olimpiadas, no hace falta desear el no de Madrid para reconocer que el deporte es un gigante de papel. El deporte, incluido el fútbol, sobre todo el fútbol, y el deporte competitivo, el deporte de competición, que en realidad es un pleonasmo porque todo deporte es competitivo por definición. Recuerdo una conversación años ha entre Vargas Llosa y Sánchez Drago contra los excesos del deporte, Vargas Llosa que está ahora en la cátedra del Real Madrid y Sánchez Dragó que era hijo de locutor deportivo. El director de la cátedra del Real Madrid escribió unas diatribas muy divertidas contra el deporte en Los cuadernos de Don Rigoberto en las que se burlaba del tópico mens sana in corpore sano. Yo también desconfío de las bondades del deporte, de la práctica del deporte, del demasiado deporte. Los más deportistas, los muy deportistas, son obsesivos, tan obsesivos por otro lado como otros que encontramos fuera del mundo deportivo, pero de ahí a considerarlos sanos, los más sanos por lucir un cuerpo vistoso y flamenco hay mucha distancia, cuando se comprueba a diario que los más deportistas son los más sensibles a los cambios de temperaturas, con pocas reservas, tan faltos de grasas que son físicamente muy vulnerables, expuestos al movimiento del viento como las ramas de los árboles. No envidio a los deportistas. De joven practiqué deporte, practiqué demasiado deporte de joven y ahora me conformo con verlo por la tele, de vez en cuando, dosificadamente, no como cuando lo practicaba que era exagerada, obsesivamente. Ya sudé bastante el chándal de joven, hice ya deporte para toda la vida, no quiero volver a salir de casa con el chándal puesto, es de los casos en que tengo clara la unión entre lo ético y lo estético. Los viejos chándales los utilizo para limpiar y otras faenas menores en casa, que envejezcan conmigo, los chándales, que sufran, el deporte es otra cosa, el glamour exterior frente al sufrimiento interior. Es muy sufrido el deporte. El entrenamiento es duro, constante, repetitivo. Me recuerdo con quince años yendo a entrenar con la bolsa a cuestas (de niño me veo con la cartera a cuesta y de joven con la bolsa deportiva), cruzar mi pueblo durante más de media hora para cambiarme de ropa, entrenando diariamente, subir y bajar cuestas pisando el barro en tardes oscuras con las zapatillas manchadas, saltando charcos pringosos a cero grados de temperatura, todo para preparar el partido del domingo, para intentar jugar unos minutos en el partido del domingo, un partido que probablemente perderíamos por goleada, en pueblos donde nos recibían con malas miradas, para enfrentarme a los insultos y empujones de los defensas, para acabar bajo la ducha de agua fría en tardes de invierno desapacibles, poco deportivas. La práctica del deporte, del deporte competitivo la revivo más como dantesca que lúdica. El deporte, el demasiado deporte, las medallas de plata, las copas que se oxidan y amarillean en los estantes, las gotas de sudor que mezcladas con lágrimas mojan las camisetas, las pruebas contra reloj, las pastillas, los empujones y zancadillas por quedar el vigésimo primero y no vigésimo segundo, los árbitros, los comités, la prensa, la familia, los entrenamientos, las duchas frías. El deporte sabe a cerveza caliente, a paella recalentada.
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1 Octubre 2009
Retrasar la edad de jubilación es injusto para los más pobres. Lo dice un Observatorio social, un mirador, un organismo que se ocupa de nuestro bienestar y del bienestar de los mayores y de los pobres. Los pobres están de enhorabuena: todos se ocupan de ellos. En las ordenanzas municipales, en la Ordenanza de convivencia de Huesca, se prohíbe la mendicidad. ¿Qué harían si no los servicios sociales del ayuntamiento? La mendicidad no cotiza -como la prostitución- ni paga impuestos. Ahora van a subir los impuestos. Para que todos contribuyamos, para que paguemos un poco más. La edad es un grado y los pobres también quieren jubilarse. Es injusto trabajar más para seguir siendo pobre. Llega un momento, con la edad, que compruebas que ya no serás rico, que nunca llegarás a rico, lo que también supone un alivio, una descarga de responsabilidad. Polanski se había acostumbrado a un ritmo de vida alto y ahora sólo dispone de cinco euros diarios en prisión (nunca he sido muy de Polanski pero si fuera un intelectual de prestigio también firmaría a favor de su excarcelación). Dice Belén Gopegui que con frecuencia confundimos apoyar una causa con el compromiso. Yo estoy por el tercer mundo, yo por los pobres de mi barrio, yo lloro por las despistadas ballenas que se acercan a las playas, yo soy partidario de que se limpie el monte. Empezar una frase en primera persona y acabarla en tercera es sospechoso. Retrasar la jubilación es injusto, hasta para los pobres, sobre todo para los pobres. Trabajar a cierta edad resulta repetitivo, por muy deprisa que pase el tiempo, y cada vez pasa más rápido el tiempo, trabajar cansa y envejece. Si te retrasan la jubilación, te sientes un niño victima de promesas incumplidas. A cierta edad ya no crees en el futuro, miras más atrás que adelante, piensas que llevas el reloj al revés, como si anocheciera antes. A mí me ocurre al escribir, cuando llego al final de la página, aparece un espacio en blanco, el salto de página, un vacío, como si me jubilara, una sensación de vértigo, ¿sigo escribiendo?, ¿me empobrezco más? Escribir es saltar a ciegas a la caza del lector. Con la edad, dudas si enriquece jubilarse.
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28 Septiembre 2009
"Me llamo Iris, tengo cuatro años, me he perdido, me busca mi dueño, por favor, llamad al nº...". El cartel va acompañado de la foto del perro. También leemos necrológicas: "Tú eres la luz que ilumina mis amaneceres. Sin ti ya nada tiene sentido. Siempre estaremos juntos...". A quien se dirige la misiva ya nunca la podrá leer. Con frecuencia oímos: "como ya eres mayor y muy responsable limpiaremos juntos el coche", "cocinaremos los dos, mamá y tú", frases así, dirigidas a niños de cinco o seis años. Y estos días oímos: "por mi hija mato" o "no publiquen las fotos de mis hijas". La personificación, el hablar a los muertos y el infantilismo son habituales en nuestra sociedad. Una sociedad que sacraliza a los niños (y a los perros y a los muertos y a otros animales). Los niños están sobrevalorados. Como en los conciertos para Etiopia: Somos el mundo, somos los niños. Un grito general incendia las calles: dejad que los niños se acerquen a mí. Una sociedad puerilizada idealiza a los niños y a las niñas. Yo soy quien espía los juegos de los niños, cantaban los Ilegales. Protegemos a los niños en exceso y a veces queremos encerrarlos. Niño, deja ya de joder con la pelota, canta Serrat. Dice Javier Marías que ni hay que reducir la edad penal ni está mal dar una bofetada de vez en cuando. Javier Marías, que tiene tantos hijos como yo. Los niños y las niñas, los jóvenes, adolescentes, púberes, lolitas, chavales, muchachos, locos bajitos, gamberrotes, pequeños delincuentes, adorables criaturas, mocosos, insensatos, enanos, renacuajos, qué monada, ¡que te calles, niño!, bebés, el mío es una monada, mi crío ni rechista, tu hijo es un sol, es un cielo, esta niña es preciosa, qué educada, qué mona. Se han creado brigadas contra la pedofilia y la pederastia: mirar a jóvenes es sospechoso. Aristóteles y Platón negaban los derechos de los niños (y de las mujeres y los esclavos). El bueno de Rousseau fue quien los liberó: los niños son buenos por naturaleza, carecen de maldad y de pecado (para poder pensar tranquilo encerró a sus hijos en un orfanato). Hemos pasado de los trabajos infantiles a la sobreprotección de los niños y jóvenes. Como en un movimiento pendular. Ver en los titulares a las hijas de la Belén E. y del Presidente hace pensar que algo falla. Recuerdo la frase que le dice un policía a Pedro, el protagonista de Tiempo de silencio: "ustedes, los inteligentes, son siempre los más torpes".
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17 Septiembre 2009
Las drogas son un mito. Los mitos ejercen complejas funciones sociales, contienen pautas útiles de comportamiento, modelos a seguir o evitar, historias conocidas por todos con las que poner en relación las experiencias individuales, son refuerzo de conductas, argumento de autoridad.
El sexo, la pornografía, la piratería en internet, la prostitución o las drogas son temas tabúes. Y sobrevalorados. Chomsky dice que el asunto Lewinsky fue utilizado por los sectores bienpensantes y más reprimidos de EE.UU. como excusa para hablar en público de sexo, hasta la saciedad. No se puede hablar de las drogas, en general, pero cuando surge un caso con nombres y apellidos acapara todos los titulares. En las ciudades pequeñas, capitales de provincia, se alardea, con razón, de vivir bien, con tranquilidad, de calidad de vida. Lugares en los que se pasea cómodamente -coso arriba, coso abajo-, con bajos índices de delincuencia, con un parque para contemplar los patos en el estanque, con los estorninos como únicos inquilinos indeseables. De vez en cuando se rompe la paz social, puede ser por un cartel de carnaval en el que se retrata a un cura, por otro cartel de fiestas en el que sale un conejo, o ahora por un funcionario municipal que es expedientado administrativamente por utilización privada de material e instalaciones públicas en horas de trabajo. Si un funcionario ejerce un uso indebido de su puesto de trabajo, es expedientado, pero no es noticia. Si un juez lo absuelve por no cometer delito penal, tampoco. Pero si el tema a tratar es la Salud Pública, es decir, las Drogas, la cosa cambia. Los sectores más progresistas de la sociedad (sindicatos, partidos, I.U., la Chunta...) hacen una piña. "No hay que aplicar un criterio inquisitorial" dice el alcalde, el alcalde socialista de Huesca, F. Elboj, que es acorralado por sugerir que hay que darle una segunda oportunidad (al margen de la instrucción del expediente administrativo) al trabajador que plantaba marihuana, para su consumo según el juez, en dependencias municipales. Con la droga hemos topada. Da igual que hasta el mismo Aznar dijera un día que había dado unas caladas a un porro, sin tragarse el humo, por supuesto. En público, todos se escandalizan. Respetables ciudadanos, representantes de la ciudadanía, ejemplares padres de familia que en el tema de las drogas practican, en público, la tolerancia cero.
Los mitos ejercen una función simbólica, catalizadora, socialmente útil, hipócritamente útil, en las ciudades, en las capitales de provincia que casi nunca generan noticias.
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