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La Coctelera

liber, libro, libre

somos lo que leemos

6 Julio 2009

K

 

En el periódico leo un anuncio: piénsatelo bien y sé impulsivo. En la siguiente página un entrenador dice: hay que jugar desordenadamente para atacar con orden. Los políticos autonómicos reclaman: más dinero para cada uno, aunque haya el mismo para repartir. Son deseos, nuevas formas de pensar, de actuar. La inteligencia emocional, los juegos de suma positiva, el lado femenino, la cuadratura del círculo. Una ruptura, un cambio de estrategia: la falta de estrategia como estrategia. En el mayo del 68 se gritaba: "Sé realista, pide lo imposible". La asociación de vecinos de mi barrio pide: "Okúpate del barrio". Hace unos años los mensajes "okupa" (el Word se resiste a la k) eran antisistema. Ya se sabe que el sistema lo engulle todo, como una batidora multiusos absorbe todos los gestos. Los golpes de estado devienen en reformas; los revolucionarios hippies en propagandistas de un canal televisivo bajo el lema "paz y amor"; en las series televisivas se prohíbe fumar y se fomenta la cuota gay.  Nuevas formas, viejos hábitos reconvertidos. Los diccionarios practican la prueba del algodón, el paso del tiempo como filtro para adoptar nuevas palabras: se lo piensan bien y no son impulsivos. Google se sumó al día del orgullo gay con una carroza. Incorporarse a las nuevas tendencias es condición para estar al día, a riesgo de quedar en la cola. Renovarse o morir, se impone como lema. El chándal como ropa deportiva para no deportistas; el pantalón vaquero como ropa joven para los mayores; los cuerpos se confunden en las playas, se tiñen de rubio los pelos, se difuminan las curvas, las pieles se broncean. La desnudez es la ofrenda a los dioses del mercado, de la publicidad, la apuesta por el presente. La lucha contra el tiempo la simbolizan Peter Pan, Michael Jackson, el victimismo adultos, un carpe diem lúdico y ligero como estandarte frente a la crisis. Las gotas de sudor que caen por los cuerpos sonrosados y lúbricos son la metáfora de un verano  eterno en el que el calor nos invita a una pacífica resistencia.  

 

 

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5 Julio 2009

¿Vida útil?

 

 Cuarenta años de vida útil. La esperanza de vida, el tiempo, la medida. El uranio como las plantas no es indefinido. El envejecimiento, la madurez, el marchitarse. Cerrar una central, una central nuclear. Nucleares, antinucleares. Debates técnicos, políticos, ideológicos. La derecha y la izquierda. Nucleares sí, nucleares no. Los argumentos, los contra-argumentos, la razón de la sin razón. Los cementerios, los residuos. El medio ambiente, la ecología, la economía. Los puestos de trabajo, los planes alternativos, las moratorias, la energía eléctrica, la contaminación. La seguridad, los contenedores, la fisión, la fusión. Los reactores. Cuarenta años no son nada. La vida cuando es útil, la vida cuando es inútil. Un consejo, el Consejo, el Consejo de Seguridad Nacional. El gobierno, el partido, el programa, el programa electoral, el presidente, el ex-presidente. Las energías alternativas, las energías limpias, las energías caras, las plantas radiactivas, los molinos de viento, la combustión, los gases, las luces que se encienden y no se apagan. Los grifos que no se cierran. ¿Vida útil? ¿Hay vida después de las nucleares? El arte es inútil, ¿y la vida?, ¿es útil la vida? Que levante la mano quien lleve una vida útil. El gobierno va a definir la vida útil. En otoño, en el BOE se publicará la vida útil: La Biblia del siglo XXI. Cuando las hojas se caigan, cuando el humo inunde las chimeneas, cuando los residuos se vayan enfriando, averiguaremos que es una vida útil. Una vida, enérgica, humanamente útil. Será en otoño, en el crepúsculo vital, con los gatos en celo, cuando las moscas se adormecen, cuando los ladridos de los perros se demoran, en la estación de las lluvias, entre tonos amarillos y ocres. La vida útil, el futuro como purgatorio,  la expiación de las culpas y de las multas, la radioactividad, el futuro a la vuelta de la esquina. Cuarenta años de vida útil. Demasiado humo.

 

 

 

 

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3 Julio 2009

Mucho calor

Un oxímoron: sana envidia. Como si de una alergia se tratara. Un sarpullido que se extiende por la piel y te hace sentir incómodo. No dejas de mirar el reloj y el tiempo se hace interminable. Miras a uno y otro lado y no entiendes por qué no has sido tú el afortunado. Los celos son diferentes; los celos no son una alergia, son un cáncer. La alergia -la envidia- es pasajera, efímera como el catarro. De usar y tirar. Puedes ver un coche de lujo, un chalet, un yate, o a tu mejor amigo con tu mejor amiga. Es entonces cuando te sale el sarpullido, cuando miras el reloj, cuando entiendes que tendrías que estar contento. Cuando no estás contento. Cuando te regodeas en tu mala suerte, cuando inventas excusas, cuando recuerdas que la felicidad es un globo que sube y pronto explotará, como todos los globos. Te rascas la cabeza, te pellizcas el cuello, y quieres consolarte imaginando a los cantautores de los 80 y los músicos de la movida con los mismos sarpullidos que tú, con los mismos sentimientos contradictorios que los que se quedaron en las canciones de la radio y las telenovelas. Hasta imaginas a los hijos de la playstation y el mp4 cariacontecidos, insatisfechos deseando que el coche se pinche, que el yate se hunda, que hipotequen el chalet, simulando alegría cuando vuelve tu amigo con normalidad, como si nada hubiera ocurrido. ¿Ocurrió algo más allá de tu cabeza?, ¿más allá de las supersticiones, de los chantajes de la felicidad, de las palabras impostoras? Pasaron casi veinte años de la canción Cómo hemos cambiado y seguimos pasando mucho calor, a pesar de los cambios generacionales y climáticos.

 

 

 

 

 

 

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28 Junio 2009

Evaristo en la peluquería

http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=1&Id=578470

 

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26 Junio 2009

Postpoesía, Agustín Fernández Mallo

 

Hacia un nuevo paradigma, dice Agustín Fernández Mallo (AFM).

Hay más poetas que lectores de poesía.

¿A alguien le interesa aún la poesía?

La poesía es un coche sin gasolina, un museo con las puertas cerradas, con cuadros amarillentos en el que los guardias bostezan y ni siquiera se lavan el uniforme.

Poesía ortodoxa llama AFM a este enfermo terminal. El diagnóstico es bastante certero. La poesía actual sólo interesa a los poetas (y a los pocos curiosos que nos acercamos a ella). La poesía ha devenido en un lenguaje difícil, hermético, poco cercano, quizá vaya perdiendo su capacidad de comunicación, de seducir. Hasta llegar a poner cara seria, hasta llegar a aburrir. Un arte nacido para decir lo indecible no pude ser cada vez más incomprensible.

Un diagnóstico demoledor, certero, interesado.

Para ponerle remedio, AFM se parapeta de la ciencia, el mercado (y la publicidad) y las nuevas tecnologías (internet). Me siento muy próximo a sus intereses. A la escritura fragmentaria que postula en sus experimentos nocilla. La medicina poética que nos propone es un artefacto llamado postpoética. Esta farmacología ya es más peligrosa. Frente a la torre de marfil de la poesía ortodoxa (la de la experiencia y la de la diferencia), AFM despliega un castillo de fuegos artificiales colorista y enrevesado, un artefacto pirotécnico de difícil versificación por un poeta no científico.

¿Cabe la poesía visual en la postpoética? ¿Es necesario el feismo del arte en la nueva poesía? ¿La sordidez de la poesía española visualizada en el mafioso mundo de los concursos tiene salida postpoética? (Visitar  http://criticadepoesia.blogspot.com/ no apta para personas sensibles). ¿Hay poesía después de E=mc2?

Postpoética es un libro sugerente, ambicioso, provocador, exigente, ingenuo, un libro necesario en la teoría literaria, un ensayo trabajado que radiografía críticamente la sociedad actual, una apuesta novedosa. ¿Qué es postpoesía?, dice  AFM, amparado en el land art, en Vattimo, en la física cuántica, en Deleuze, en el indie-pop, en V. Verdú, en la ciencia ficción, sin olvidar a Nietzsche, la w.w.w., las redes frente a los árboles, los rizomas..., mientras clava en mi pupila la pupila de la postpoética ¿qué es postpoesía?  Y tú me lo preguntas, postpoesía, hacia un nuevo paradigma.  

 

 

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22 Junio 2009

El capitalismo funeral, Vicente Verdú

 

 

 

¿Os molesta que hable de dinero?, pregunta en un verso el poeta Manuel Vilas;  "Dinero" se llama un poemario de García Casado; "Mercado Común", de Mercedes Cebrían; ya Quevedo  escribió sobre Don Dinero. Vicente Verdú escribe sobre la crisis, un ensayo para no economistas. Un nuevo trabajo de quien mejor escribe sobre "las cosas que pasan en la calle". Parapetado en Baudrillard, en  Galbraith, en Hobsbawm, en S. Paniker, Verdú polemiza sobre nuestra sociedad, sobre la estrechez de miras de los economistas, sobre los tiempos futuros, sobre el fin de una época.

El capitalismo de ficción es ya un enfermo terminal. Un descendiente de Adam Smith a quien se le aplican recetas del viejo Keynes,  un capitalismo  funeral que todavía dará mucho que hablar. V. Verdú apuesta por el futuro, por las nuevas tecnologías y sobre todo por los jóvenes, tanto que en diciembre de 2007 fue replicado con ironía por A. Muñoz Molina en las páginas de El País, "que el periódico nos jubile a todos los menores de 20 ó 30 años", decía éste.

Verdú nos recuerda que el dinero nace antes que el Estado, que surge en los templos. Que su valor sacrifical, sacramental, es paralelo a la Iglesia y al Estado, que no es casualidad que los grandes bancos del XIX y XX fueran como catedrales.

El capitalismo deviene en capitalismo de ficción cuando el 90% del capital que circula no se corresponde con mercancías. Ahora el 60% de los gastos son inmateriales, necesidades de segundo orden: viajes, psiquiatras, sexo, ciber...Las tarjetas de crédito, de plástico, representan un salto cualitativo del dinero. Es más rico quien más se puede endeudar. El patrón oro, el becerro de oro, ha desaparecido y estamos huérfanos, sin paradigma, en una contemporaneidad virtual, en una crisis no sólo económica.

 Verdú describe el panorama de las casas vacías, de los millones de desempleados, como el surgimiento de la 3ª Guerra Mundial. Pero sin enemigo: ya no hay malos a los que combatir.

La sociedad clásica simboliza en la cultura del coche una estética y una moral. Los nuevos coches son ecológicos, eléctricos, menos rápidos, light. Los valores antiguos se identifican con lo vertical, las jerarquías, los libros, la concentración, los adultos/viejos, el orden, el jefe, la innovación, la individualidad. Los nuevos valores son: lo horizontal, lo femenino, la pantalla, las sensaciones, los jóvenes, la transparencia, la transformación, la cooperación. No es que Verdú divida el mundo en buenos y malos pero sí apuesta decidida, valiente e ingenuamente por los valores en alza, por las nuevas formas de relación, que tendrían su exponente máximo en las redes sociales, de internet, por supuesto.

Si Lipovetsky radiografió en "La era del vacío" la sociedad individualista, consumista y seductora, Verdú retrata con optimismo el fin de una época, los últimos años posmodernos: femeninos, románticos, visuales, efímeros, sensacionalistas, publicitarios... Una época en la que especular es invertir mal, en la que invertir bien es ser rentable. Una época en crisis con salvación: "allí donde hay peligro también surge la salvación" (Hólderlin). Como la escasez impulsa la creatividad artística, como sobran recursos, como ya no hace falta recurrir al comunismo, como las nuevas generaciones están preparadas y programadas visual y sensorialmente, como el anarquismo es el taoísmo de Occidente (Paniker), como Verdú es optimista, otro mundo nos espera a la vuelta de la esquina, quizá sólo con leer este libro, El capitalismo funeral. Un ensayo frente al miedo, una medicina para no caer en el ataúd del capitalismo funeral, para no tener que llamar otra vez a Dios para que nos saque de la crisis, mejor refugiarse en las dosis de lucidez que nos vende el autor de libros tan sobresaliente como El planeta americano o No ficción. Un lujo en tiempos de crisis.

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21 Junio 2009

Luchad, luchad...

 Dice el futbolista Villa: lo estoy pasando francamente mal. Dice Ronaldo: me gusta ver el odio en los ojos de la gente. Dice el tenista Nadal: he tocado fondo mentalmente. Son tres triunfadores, tres ganadores natos. Gente competitiva, los más competitivos del mundo, del mundo como espectáculo. El deporte es pura competición, es la competición pura. La lucha como argumento, como espectáculo, como razón de ser. Ganadores que desde la cumbre nos miran al común de los mortales y nos explican que allá arriba no todo es paz. Desde su atalaya nos recuerdan que el triunfo es muy caro. Que la victoria siempre es agridulce. Las copas están manchadas y la perfección no existe. Son las quejas de tres deportistas de élite, los que más salen en los anuncian, los que más cobran, por anunciarse y por jugar. Los que más sufren. La competición, como el boxeo, deja mella en el  rostro de los púgiles, en el ánimo de unos jóvenes que se comen el mundo, de unos triunfadores que acarician el éxito y los vemos trastabillar. Rodeados de trofeos y dólares, de euros y reconocimientos, no han alcanzado la dicha. No existe la dicha, nos trasmiten desde el parnaso los presuntos ganadores. Humanos, demasiado humanos, los vencedores se arrodillan y piden perdón, por ganar, por no ganar siempre, por tener que ganar siempre, por tener que seguir ganando. El fútbol, el tenis, las carreras, la competición, la rivalidad, el odio, la lucha por la vida. La perfección como meta imposible, el fracaso como espada de Damocles. Cuando nada es gratuito, cuando jugar no es suficiente, cuando sólo interesa el resultado, cuando el perdón hay que ganarlo, cuando dormir ya no es fácil, por las noches comprueban que la cabeza les  da vueltas, que un balón enorme y negro les ha robado el sueño y no hay pastillas que eviten que a la mañana siguiente sean portada de todos los titulares. Como Sísifo, como todos nosotros, están condenados, a luchar, a luchar.

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19 Junio 2009

Gafas de Sol

             El sol rota, pulsa y burbujea como un epiléptico, como un niño hiperactivo, como un opositor antes de mirar las notas. El sol nos alumbra pero también tiene manchas; discontinuo y fragmentario, como la modernidad, los contratos basura, los cambios de tiempo, las relaciones de pareja, el amor, los celos. El sol nos alumbra y nos desconcierta. Tiene sombras, manchas, pecados como nosotros. Es imperfecto, es mortal; terrestre, no. El sol no emite energía de manera uniforme: el campo magnético tiene la culpa (hasta los científicos encuentran culpables). Son ciclos solares de once años, de once, como los equipos de fútbol, de once que es un número primo y maldito, el día de los atentados, el número de apóstoles excluido al traidor. Once años para la rotación diferencial, donde gira más deprisa el ecuador que los polos. Como si volaran las piernas y la cabeza, y el tronco se quedara retrasado. Las estrellas no son sólidas. El sol, redondo y majestuoso, amarillo y radiante, se nos confiesa gaseoso, heterodoxo e infeliz, imperfecto, humano demasiado humano. Las estrellas son cuerpos gaseosos que producen fulguraciones y tormentas magnéticas. El sol es nuestra estrella favorita. Y también es caprichosa, como nosotros. La ciencia nos explica las imperfecciones que nos rodean, nos acerca a los dioses, nos cuenta sus defectos. El sol quiere que lo acariciemos, que nos quitemos las gafas (las de sol) y lo miremos con compasión como miramos nuestras enfermedades: después de tantos siglos el sol se cansa de brillar. Los demasiados dioses, los demasiados rayos, los reyes también lloran. Por la ventana entra un haz de luz, un rayo luminoso que me resulta más cercano, lo acaricio y apenas me calienta. La enfernedad nos une, nos hacen más democráticos.  

 

 

 

 

 

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"La literatura es un oficio peligroso"(R.Bolaño). "Escribo porque no soy feliz" (M.Vargas Llosa). "Una persona moralmente irreprochable no escribe libros" (Giorgio Manganelli). "Compadécete de los que están mejor que tú" (Ezra Pound).

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